La misión marianista

un_carisma_misionero_horizontes_2010_donosti

 Programa “Horizontes” 2010. Grupo internacional de religiosas y religiosos marianistas  en San Sebastián, en viaje de Burdeos a Zaragoza.

“Por nuestra alianza con María, nos proponemos asistirla en su misión de formar en la fe a una multitud de hermanos para su Hijo primogénito” (Regla de vida SM art 6). “Nos entregamos a su ternura maternal para que Ella coopere a la acción del Espíritu en nosotras y así seamos formadas a semejanza de su Hijo primogénito; nos ponemos a su servicio para asistirla en la misión que tiene con todos los hombres” (Regla de vida FMI. art I,8). “Presentes en el mundo y unidos a Jesús por medio de nuestra Alianza con María, trabajamos con la fuerza del Espíritu por la construcción del Reino” (Identidad de las CLM).

Una síntesis de entrada

Estos tres artículos de las Reglas de vida marianistas y del documento internacional de las Comunidades Laicas marianistas (Santiago de Chile. 1993), nos presentan de forma sintética el sentido misionero de nuestro Carisma. Todo se dirige a secundar la obra del Evangelio de Jesucristo. Para ello el Espíritu impulsa nuestras vidas, como hizo con María para ser transformados, identificados con Jesús y desde ahí ser testigos de Él en el mundo, fermentos de Evangelio, acompañados por María, en alianza eclesial con Ella.

Génesis de la dimensión misionera del Carisma marianista:

Las vivencias y compromisos de nuestros fundadores son la profecía o anuncio de nuestra sensibilidad y espiritualidad misionera. Es Chaminade en la educación en Mussidan, y luego como sacerdote en medio de la Revolución escuchando una llamada para renovar la fe en Francia tras la Revolución, pidiendo y obteniendo el título de “Misionero apostólico”. Es Adela con sus tareas de formación espiritual creando la Asociación o su entrega a los pobres en los años de Trenquelleon; y luego su compromiso de fundar una comunidad misionera en Agen. Tras la misión inicial de los fundadores, se despliega propiamente “la misión fundacional”: primero la “Consagración mariano-apostólica” de los primeros congregantes. Una alianza misionera con María para la evangelización a la que Jesús nos llama desde nuestro bautismo. El “Servidor de María” educa y compromete a los seglares a dedicar la vida a responder a las palabras de María en Caná: “Haced lo que Él os diga”. Los compromisos misioneros de los seglares en Burdeos y otros lugares de Francia, dan testimonio de esta alianza: educación, asistencia social, trabajo con los emigrantes, obra de los “buenos libros”, etc. Inmediatamente, con la fundación de las “Hijas de María” y de la “Compañía de María”, Chaminade les da un votoa ambos institutos que se llama “enseñanza de la fe y de las costumbres cristianas”, con lo cual se marca claramente la intención misionera de la consagración religiosa. Es la “formación en la fe” lo que se señala como “señal de identidad” de la misión marianista. Por otra parte, la misión se compenetra con la que ya han iniciado los seglares, y a la vez se amplía: creación de las primeras escuelas de primaria y colegios de enseñanza secundaria (Agenesado, Burdeos, Franco-condado y Alsacia), grupos de formación en la fe, asistencia social, predicación y ejercicios, formación de maestros de los pueblos (primeras formas de Escuelas de magisterio en Francia), apoyo a las comunidades seglares de la Congregación de la Inmaculada, respuestas a las llamadas de la Iglesias diocesanas …

Este fue el inicio histórico del carisma misionero marianista. Como se ve, una etapa primitiva marcada por mucha originalidad: comienza con la misión de los seglares y se desborda hacia la misión que emprenden los dos institutos religiosos; misión que abarca muchas facetas de la misión eclesial, y todo ello “sellado” por el carisma: una consagración mariano-apostólica, una alianza con María-Iglesia para llevar el Evangelio de Jesucristo y hacer brotar la fe en medio del mundo que Dios ama.

Los caracteres de la misión marianista

a) Una Misión universal. Estamos abiertos a todos los medios de evangelización. Estaes la primera “seña de identidad” del carisma. “Haced lo que Él os diga”. Son las palabras de María, y nuestros fundadores insistían que la misión deriva de aquello que Jesús, nos siga diciendo, por el Espíritu, en el hoy de la historia. La “Misión universal” con la que termina el evangelio de Mateo (Mt 28,1 8-20), expresa precisamente ese envío sin límites ni fronteras, que constituyó la tarea y el compromiso de la Iglesia naciente. No tenemos una “especialización” misionera por mucho que la educación haya sido y sea un compromiso constante. Variedad de servicios. Libertad en la disponibilidad.

b) Un objetivo primordial: la formación en la fe. La marca o identidad misionera del carisma. Si nacimos con este don, de ser hombres y mujeres al servicio de la reconstrucción de la fe cristiana en Francia y allí donde se nos envió, también hoy somos llamados a este gran servicio. Se forma en la fe, anunciando el Evangelio, de palabra y de obra. Y ante todo con el testimonio de la propia vida y de la comunidad marianista (La “misión” es “ser” antes que “hacer”; una persona que no está en “actividad” sigue siendo misionera, porque “es” testigo de Jesús). El primero de los medios que la Iglesia y el carisma emplean es precisamente la “proclamación del Evangelio”, tal como se presenta más abajo. El Sínodo de la Nueva Evangelización (octubre 2012) y el “Año de la fe”  (2012-13) que la Iglesia prepara y vive en estos años, son el gran contexto para este objetivo de nuestro carisma.

c) Una espiritualidad mariana: Del “Haced lo que Él os diga” a la alianza misionera con María. El “Espíritu de María” nos lleva a la misión. Porque es “espíritu de fe”, de una fe que transforma a la persona, la conforma con Jesucristo y la impulsa al testimonio de la propia vida y del Evangelio. María es la primera discípula, la primera que escuchó el Evangelio y que dijo “Hágase” (Anunciación), que sintió el envío a llevar a Jesús al mundo (Visitación). La primera que escuchó las carencias de la gente (“no tienen vino”), y que urgió al Mesías, su Hijo, a acelerar la “Hora” del Reino. La que impulsó a los servidores: “Haced lo que Él os diga”. Ella es el símbolo de la Iglesia misionera de todos los tiempos. Y Ella compromete, como Iglesia, en una “alianza” misionera. Porque la misión no es un deseo voluntarista para hacer el bien o solucionar problemas del mundo. Es un envío que surge de más allá de mí mismo. No soy yo, el que “me envío a mí mismo”. Es Él Señor, por su Espíritu el que envía. Y por eso la prueba de un verdadero carisma misionero está en el desapego del “propio envío, gusto, proyecto”, para estar abierto a lo que viene de más allá de mí mismo. María es el sello de esta espiritualidad misionera.

d) Una misión impulsada por la comunidad, en el seno de la Iglesia misionera. Nuestro carisma no privilegia el carácter individual de la misión sino el comunitario. Pensamos que la Comunidad es ya un mensaje evangelizador y que solo ella nos hace madurar en la fe formada y transmitida. Este carácter comunitario de la misión debe formar una persona autónoma, responsable y comprometida en la fe. Porque no existe comunidad cristiana sin hombres y mujeres sólidamente identificados con Jesucristo, conformando la vida con él y con el Evangelio. Solo así podrá haber comunidades creíbles y misioneras. Desde ahí, la misión despliega todo su potencial sanador y liberador.

Los medios de la misión

Las formas que adopta el carisma marianista como misión son múltiples. Porque la misión es universal y está abierta a lo que señala el Espíritu y compromete María-Iglesia. Si señalamos siete formas es solamente por subrayar las más importantes y las más urgentes, las que se han emprendido a lo largo de diferentes momentos de nuestra historia.

1. La proclamación del Evangelio a los que ya lo conocen, ayudando a vivir y celebrar la fe, creando comunidades de fe; y a los que no lo conocen o lo han olvidado, ofreciendo caminos de vuelta a la fe y reconstrucción de la vida cristiana. Catecumenado de adultos, de niños, de jóvenes, de alejados. Esta forma es evidentemente la que más se acerca al núcleo de la misión eclesial y al mismo tiempo al objetivo central del carisma misionero marianista, que es la “formación en la fe”. Como cristianos y como marianistas, este es el primer medio y a la vez el primer contenido del envío (“Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva toda la creación” Mc 16,15; “Convertíos y creed en el Evangelio” Mc 1,15). Incluso podemos decir que los demás medios que siguen, dependen de este, y están al servicio de este. Pablo VI en la “Evangelii Nuntiandi” lo afirmó con rotundidad, y es ya una frase famosa en el siglo XX: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (EN 14).

La Evangelización como anuncio del Evangelio hace brotar la fe, y esta debe ser formada, celebrada y luego convertida en testimonio y compromiso. Este medio lo situamos el primero, porque en realidad es el núcleo y sentido de la misión de la Iglesia. Y nuestros fundadores sintieron y vivieron esta urgencia y esta primacía de la Evangelización y formación de la fe. Así entendía Chaminade que “no se educaba”, ni se fundaba un colegio o una escuela, para enseñar, para hacer a los niños o jóvenes más cultos y formados en ciencias, artes o letras. Se enseñaba o educaba, se enseña, se educa, para formar en la fe. Era (y es) una plataforma evangelizadora.

De una manera particular, luego ha venido la llamada de la Iglesia para que nos comprometiéramos en la tarea diocesana a través de las parroquiasSabemos que Chaminade estimaba la vida y la misión parroquial, al mismo tiempo que sentía y miraba más allá del mundo parroquial: él no estaba llamado a cuidar un trocito de una diócesis, él quería una misión que desbordara la parcela pequeña de la parroquia o en todo caso que esta se abriera y se convirtiera en misión permanente. Por eso él no quiso ser párroco en Burdeos, sino misionero universal : de ahí el título y el servicio que obtuvo de Roma, de ser “Misionero apostólico”. Así fue fundador e impulsor de un movimiento seglar y luego de Vida Religiosa, al servicio de toda la Iglesia en Francia y en el mundo.

HOY, la misión marianista se compromete de muy diversas formas en la evangelización: El TESTIMONIO DE LA PROPIA FE (en la familia, en el trabajo, en el estudio, en al ambiente donde cada cual vive), LA CATEQUESIS (de iniciación cristiana, catecumenado de adultos), LA PREDICACIÓN, la PASTORAL de ALEJADOS o NO CREYENTES (“Atrio de los gentiles”), LOS SACRAMENTOS. Y de una manera especial LA PARROQUIA, como comunidad cristiana básica de una diócesis, a la que pertenecemos siempre con compromiso institucional, personal o comunitario. También animamos CENTROS O CASAS DE ESPIRITUALIDAD; y estamos comprometidos en la pedagogía y práctica de la ORACIÓN, de los EJERCICIOS ESPIRITUALES. Un campo de misión característico es el mariano: la investigación mariológica nos ha llevado a crear la mayor Biblioteca mariana del mundo (Universidad marianista de Dayton. Instituto internacional de investigación mariana); y la devoción a María nos ha comprometido en algunos SANTUARIOS MARIANOS como Nuestra Señora de África en Abidjan (Costa de Marfil) o Ntra. Sra. de Verdelais en Francia. Otras plataformas de Evangelización han surgido en estos años. Un ejemplo claro lo constituye la RED DE INTERNET: y ÁGORA es en ella nuestro instrumento para dialogar y testimoniar la fe. Incluso tenemos una verdadera emisora de Radio marianista (Chami Radio), que anima la pastoral en Perú.

2. La comunicación y extensión del CarismaUn medio imprescindible en la misión es nuestro propio carisma. No podemos olvidar que evangelizamos desde nuestro don propio, que se despliega a través de nuestra espiritualidad hecha vida en cada uno, en nuestras comunidades y forma de relacionarnos, de estar encarnados, lo que llamamos “el espíritu de María”. Todos lo debemos hacer, pero hay algunos de nosotros que tienen como encargo especial la misión de “dar a conocer el carisma”: leer, escribir, hablar, investigar, divulgar, sobre el carisma marianista. Y siendo creativos para saber utilizar nuevos lenguajes (arte, música, imagen)… Hoy lo hacemos a través de CENTROS DE FORMACIÓN EN EL CARISMA, en España el Centro Marianista de Formación“, Y LOS SERVICIOS DE PUBLICACIONES MARIANISTAS.

3. La educación. Formal e informal. Ya hemos recordado más arriba, que en la génesis del carisma misionero aparece muy pronto la implicación educativa. La Congregación seglar de la Inmaculada se veía representada en la “Pension Estebenet” de la calle Manuts. Aunque no era ella la que lo dirigía institucionalmente, sí que era un gran congregante el director. A esa escuela llegó la SM, al año de nacer, y en ella comenzó su misión educadora (“Pension Auguste”). Allí y luego en la escuelas primarias o colegios, de Agen o del nordeste francés, o en la “Institución Santa María” (rue Mirail, de Burdeos), los primeros religiosos dieron a conocer LA PEDAGOGÍA MARIANISTA  y su objetivo de formar en la fe a través de la enseñanza o la educación (Ver la Carta de Chaminade al P. Chevaux) formar en la fe a través de la enseñanza o la educación. Eso lo insistía mucho el fundador. Las religiosas marianistas por su parte abrieron escuelas y colegios en los que, al mismo tiempo que se potenciaba una educación de calidad, se alimentaba la “fe del corazón”, que hacía a los niños y jóvenes educadores cristianos de sus familias. Otra de las insistencias de los fundadores. Este servicio educativo ha sido una “marca importante de la Familia marianista”. Nos hemos implicado mucho históricamente como educadores cristianos.

HOY, la Familia marianista sigue comprometida en multitud de campos educativos. La “educación formal” a través de la enseñanza y formación cristiana en nuestros numerosos COLEGIOS (infantil, primaria, secundaria) y en algunas UNIVERSIDADES. En “Educación no formal” a través de PROGRAMAS Y CENTROS EDUCATIVOS ESPECIALES como REDS en India. Siguiendo la estela de nustros orígenes nos comprometemos en la FORMACIÓN DEL PROFESORADO.

4. La Cultura como campo donde la fe dialoga con la razón, el arte, las humanidades, el derecho, la ciencia, la técnica, los anhelos de la Humanidad. Este vasto campo misionero es uno de los más idóneos para el mundo de los seglares, inmersos como están todos en multitud de zonas de la cultura y de las culturas. Por otra parte es un medio que entra de lleno en el actualmente llamado “Atrio de los gentiles”, es decir, el espacio de convivencia y búsqueda, entre creyentes y no creyentes. En medio de la “Cultura global” que constituye nuestra civilización, globalizada y niveladora, los creyentes y los marianistas misioneros, aportamos mucho para el diálogo actual. Y lo hacemos desde nuestra cultura propia como nación o grupo humano. Cada cultura autóctona enriquece la Cultura global. Y esta debe estar al servicio de hacer más humana las culturas particulares. El Carisma marianista aparece como una cultura particular dentro de la “Cultura de la fe”, la cultura cristiana y dialoga con el conjunto de la cultura global.

HOY la Familia marianista tiene un inmenso campo de misión en este ámbito de la cultura. Está en nuestras manos a través del propio TESTIMONIO DE VIDA Y DE FE. Pero también a través de múltiples iniciativas para hacer dialogar la fe y la razón, o para formar la conciencia humana de nuestro mundo: la FUNDACIÓN SM y el GRUPO EDITORIAL SM, surgidos en España en el siglo XX son un buen ejemplo de este trabajo misionero marianista. Hoy, extendidos por varios países del mundo, ofrecen una plataforma extraordinaria para el carisma marianista misionero.

5. El compromiso por una sociedad justa y fraterna. La preocupación por construir un mundo más justo, solidario, reconciliado y en paz, es fruto de un corazón nuevo. El que aparece en tantos hombres y mujeres de nuestro mundo y el que brota de las Bienaventuranzas de Jesús: “Dichosos los misericordiosos, los que se comprometen en la paz” (Mt 5). En los orígenes de la historia marianista encontramos este corazón en nuestros fundadores. Chaminade trabajó para que la fe fuera una fuerza de unión y reconciliación, un fermento de paz. Eso se ve en los momentos duros de la revolución (reconciliando a los sacerdotes juramentados), en el impulso que dió a los congregantes seglares para que se comprometieran en la atención a los pobres y necesitados de cualquier tipo (conservamos los “vales” para entrar en las cárceles y visitar a los presos; sabemos cómo promovió la obra de atención a los niños emigrantes, que trabajaban en condiciones muy duras en Burdeos…). Y sobre Adela tenemos testimonios claros de su servicio a los pobres del campo (época de Trenquelléon) o a las mujeres marginadas (época de Agen). A lo largo de estos 200 años de historia marianista, esta misión de la Justicia y la Paz ha sido constante y clara. En algunos casos, esta preocupación nos ha llevado a fundar obras de una gran significación, aunque sus consecuencias hayan sido dolorosas: el ejemplo más claro ha sido el “SILLON”. Ver aquí su historia: Sillon. Este fue un Movimiento católico francés con un fuerte compromiso social y político-democrático, surgido de los “Círculos de formación social”organizados en el primer colegio marianista que animamos en París (Stanislás). La fuerte presencia política del movimiento provocó una desautorización del método y de la oportunidad de seguir ese camino de formación colegial, por parte de la Santa Sede (Pío X. 1910). Eran tiempos difíciles y la Iglesia había sufrido mucho en Francia (la expulsión de los religiosos por las leyes anticlericales). Pero la implicación de los marianistas en el colegio para formar en la Justicia y la Paz ahí queda como un ejemplo histórico a seguir.

HOY, la Familia marianista sigue educando y trabajando por un mundo más fraterno y solidario, que tienda puentes de justicia y de paz. En el trabajo educativo o parroquial, en el testimonio de todos en la familia, el trabajo, etc Especialmente importantes son los CENTROS DE ATENCIÓN SOCIAL (como I.M.A.N.I. en Nairobi, que animan los religiosos marianistas africanos de Kenya, Organismos de formación y acción social , o SANITARIA (el hospital en el que trabajan las hermanas marianistas en Kpatchile-Togo (África), y especialmente las ONGS, como “Acción marianista“.

6. El apoyo a las Iglesias jóvenes, a los ambientes secularizados, a los que no han oido hablar del Evangelio. La Familia marianista emprendió pronto la expansión misionera fuera del país fundacional. No solo en países limítrofes (Suiza.1839), sino lejanos (Estados Unidos. 1849), ambos todavía en vida de Chaminade. Es a partir del generalato del P.Simler cuando la expansión se hace mayor: Libia, Tunez, Islas Hawai (somos recibidos por el P.Damian de Molokai), Canadá, España, Italia, Japón. Y a partir de ahí, los cinco continentes están marcados poco a poco por nuestra presencia, alcanzando en Latinoamérica y en África un impulso grande. En la segunda mitad del siglo XX, nuevos países americanos como Colombia o Brasil, de gran significación espiritual como INDIA, o de Europa del Este como ALBANIA, o recuerdo histórico para España como CUBA y FILIPINAS, centran el compromiso misionero actual. Es la MISIÓN “AD GENTES”, las “nuevas fundaciones”, en las que la Familia marianista se implica siempre. Es la llamada perenne del Espíritu y de la Iglesia. “Sal de tu casa, y ve a la tierra que yo te mostraré”, “Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

7. La misión de cultivar y acompañar las vocaciones. La Familia marianista brotó de la llamada que escucharon nuestros fundadores y de las nuevas respuestas que dieron tantos seglares, religiosas y religiosos marianistas desde el origen hasta hoy. Ágora tiene una sección dedicada a la vida marianista como VOCACIÓN. Está presentada de tal manera que se vea que la Vida marianista en sí es una vocación. Toda forma de vida marianista es la respuesta a una llamada. No hay marianistas que no hayan sido llamados por el Espíritu de Jesús a la Vida y a la Misión. Esto significa que cuidar nuestra propia Vocación es misión nuestra, y ayudar a los demás a cuidarla, es misión nuestra; y ayudar a jóvenes y adultos a discernir la llamada que cada cual recibe, es misión nuestra. Todo creyente, todo cristiano, es una persona vocacionada, porque todo cristiano lo es porque Cristo le ha dicho “sígueme”. Así podemos entonces entender que la MISIÓN DE CULTIVAR Y ACOMPAÑAR VOCACIONES es una de las tareas más importantes de la Iglesia y de la Vida marianista, porque toca lo más nuclear: el compromiso de Seguir a Jesús, hacer comunión eclesial y comprometerse en la propia forma de vida y misión.

HOY la Familia marianista ha tomado conciencia nueva de lo que es esta tarea misionera: ya no es como antes, que “vocación tenían los sacerdotes o los religiosos y religiosas”. Hoy toda la Familia marianista sabe que esto es asunto de todos. De ahí que tantos seglares como religiosas-religiosos, estemos al servicio de discernir y acompañar vocaciones. Y lo hacemos de muchas formas. El Consejo mundial de la Familia marianista y los Consejos nacionales han creado iniciativas diversas para esta tarea. Y a través del boletín VOCSM se informa y anima para vivir esta misión.