Miguel Leibar, Sabino Ayastuy, Joaquín Ochoa y Florencio Arnáiz

Marianistas mártires en Madrid en 1936

Fueron beatificados en Roma por Juan Pablo II el 28 octubre de 2007.

¿Por qué?  Dieron su vida por Cristo. He aquí su historia.

 

Cuatro hombres buenos.

El 28 de julio de 1936, Miguel Léibar Garay, marianista, 51 años, es fusilado, a las 6 de la tarde, cerca de la carretera de Madrid a Valencia, km. 7. Con él Melitón y Fabiana, trabajadores del Colegio del Pilar. Delito: ser religioso y sacerdote.

El 14 de septiembre de 1936, Florencio Arnáiz Cejudo, 27 años, Joaquín Ochoa Salazar, 26 años, Sabino Ayastuy Errasti, 25 años. Los tres, religiosos marianistas, son fusilados, de madrugada, en el km. 7 de la carretera de Madrid a El Pardo. Con ellos dos religiosos dominicos.

Delito: ser religiosos. Como ellos, otros tres religiosos marianistas en Ciudad Real, también en el comienzo de la Guerra civil. Como ellos, otros 6.870 sacerdotes, religiosos y religiosas, muchos de ellos jóvenes. Como ellos, cientos de seglares católicos por el simple delito de serlo. En la persecución religiosa que tuvo lugar en España entre los años 1931 a 1939, murieron por su fe, con sencillez y perdonando… Como ellos, también años después (1943), Santiago Gapp dio su vida por defender la fe cristiana ante la barbarie del nazismo. Eran muy buena gente. Y sobre todo, eran testigos de la fe y del amor de Jesús.

 

Cuatro estupendos marianistas

Desde muy jóvenes habían sentido la llamada de Jesús a seguirle en la Compañía de María. Respondieron con generosidad.

Miguel Léibar

Nacido el 18 de febrero de 1885 en Aozaraza – Arechavaleta (Guipúzcoa). Un chico espabilado, alegre, travieso, pero buen estudiante y piadoso. Cerca de su caserío, en Escoriaza, estaba el Postulantado de Nuestra Señora del Pilar de los marianistas.

– Aitá, yo quiero ser como ellos.

– Imposible, hijo, un chico tan travieso como tú no puede ser religioso. Además nuestro caserío necesita muchos brazos y tienes que ayudar…

– Ya os ayudaré de otra manera…

Miguel hizo sus primeros votos el 25 de marzo de 1903. Sus votos perpetuos en 1907. Licenciado en Filosofía por la Universidad Central de Madrid. Estudia teología en la Universidad de Friburgo en Suiza y es ordenado allí sacerdote el 1 de agosto de 1915.

¡Qué emocionado abrazo le dio su padre en su primera misa en Aozaraza! Era capellán del Colegio del Pilar de Madrid, cuando…

Florencio Arnáiz.

El más pequeño de cuatro hermanos. Nacido el 10 de mayo de 1909 en Espinosa de Cerrato (Palencia) de padres labradores. Un chico bueno, dócil, alegre, pacífico, piadoso. El maestro del pueblo le hace su ayudante para enseñar a los más pequeños. Le gusta hacerlo. Ayuda al párroco como monaguillo; también le gusta… Un día, un amigo le dice:

– Me voy a Escoriaza, para ser religioso.

– ¿Y no podría ir yo también?

Florencio hace sus primeros votos el 5 de septiembre de 1926. Estudia magisterio y le encanta estar con los niños más pequeños. Se especializa en educación primaria. Hace los votos perpetuos en 1934. Quiere además perfeccionarse en lengua francesa, pero…

Joaquín Ochoa.

Nace en Villanueva de Valdegovía (Álava). Son seis hijos: cuatro chicas y dos chicos. Una familia muy unida. El padre, empleado de la Diputación de Álava, es destinado a Peñacerrada. Oyen hablar de los marianistas. Tres chicos se apuntan: los dos hermanos Ochoa y un amigo. Los otros dos serán excelentes religiosos, buenos educadores, directores de colegios. El joven Joaquín hace sus primeros votos el 5 de septiembre de 1928 y los perpetuos en 1935. Es bueno y concienzudo, trabajador y piadoso. Promete… Estaba estudiando en Madrid la licenciatura en Historias, cuando…

Sabino Ayastuy.

El 29 de diciembre de 1911 nace en Aozaraza; como Miguel Léibar. Es el sexto hijo de siete y queda pronto huérfano de padre. Se empeña en ingresar en el vecino convento de Nuestra Señora del Pilar. Es un joven de rica personalidad llena de contrastes. Sentimientos profundos y delicados. Un día lo mandan con el borrico de casa a recoger algunas cosas. Como no vuelve, le encuentran en el camino, en plan franciscano, diciendo:

– Come, animalito, come, para que te animes a llevarme.

Por otro lado tiene un carácter difícil, rebelde, pero una inmensa buena voluntad. Con tremendas explosiones de ira, de las que luego se arrepiente con una humildad ejemplar. De siempre Dios es todo para él. Hace sus primeros votos junto con Joaquín el 5 de septiembre de 1928. Siente la vocación sacerdotal y a ella se encamina. Estaba estudiando la licenciatura en la Universidad de Madrid, cuando…

 

Cuatro enamorados de la educación

El padre Miguel se estrena como sacerdote en Cádiz. Un “currículum” bien lleno: director del Colegio de San Juan Bautista de Jerez (1916-1922); capellán en Vitoria; director en el Colegio Católico de Santa María de San Sebastián (1925-1930). Es un excelente educador. Dinámico, entusiasta, parece estar en todas partes. Sabe llegar a sus alumnos, exigirles y al mismo tiempo estar cercano a ellos. Dirige espiritualmente y confiesa a muchos. Su ideal lo expresaba así: “La ilusión de mi vida es dirigir las almas por el camino del cielo”.

En 1930 pasa al Colegio de Nuestra Señora del Pilar de Madrid, dirigido por el siervo de Dios padre Domingo Lázaro, gran amigo suyo. Es un líder con un gran ascendiente moral y espiritual sobre sus alumnos y sus antiguos alumnos.

Florencio: desde septiembre de 1928, se entrega del todo en Jerez a los más pequeños que le adoran… y las mamás también. Siempre preocupado por mejorar sus métodos, siempre al tanto de las novedades pedagógicas y pastorales. En septiembre 1933 es destinado al Colegio del Pilar de Madrid. También allí acierta plenamente con los pequeños madrileños.

Sabino: inicia su apostolado educativo en su tierra, en Escoriaza, con los jóvenes aspirantes a marianistas en septiembre 1931 hasta septiembre de 1935, con un paréntesis en San Sebastián. Deja entre sus alumnos, a los que ayuda a discernir su vocación, un recuerdo imborrable. Dice uno de ellos:

Todavía le estoy viendo con su amable sonrisa, su semblante cariñoso, entrar por la puerta trasera del estudio y adelantarse hacia nosotros sin hacer el menor ruido para ayudarnos a hacer las tareas. Nos quería de verdad y veíamos los esfuerzos que hacía para dominar su ímpetu y su carácter vehemente. Nos repetía a menudo aquellas palabras de san Pablo: ‘Esta es la voluntad de Dios: que seáis santos’.

Joaquín que había iniciado sus tareas educativas con Sabino en Escoriaza, recibe un nuevo destino al año siguiente: Colegio del Pilar (Madrid). Allí dará clase a los chicos de 8 a 10 años desde 1932 a 1936. Una excelente persona. Sensato, prudente, serio. Muy entregado a sus alumnos. Enamorado de su profesión de religioso y de educador.

 

Cuatro fieles “instrumentos” de María

Decía el beato Guillermo José Chaminade, fundador de los Marianistas: “Hemos abrazado el estado religioso para entregarnos del todo a María, para hacerla conocer, amar y servir. Somos sus instrumentos… Queremos servirla fielmente hasta el final de nuestra vida haciendo lo que Ella nos diga”.

Nuestros cuatro futuros mártires así lo sienten. En su vida María tiene una presencia significativa.

Heme aquí dispuesto a todo. No pido para América, no quiero determinar el país;

mándeme donde queráis, sea a China o a Japón, o a América, que lo mismo me da. Con la gracia de Dios, y sobre todo la protección de su Madre, arrostraré todas las

dificultades.” (Miguel Léibar)

La idea de servir a María todos los días de mi vida me ha dado energías para vencer

todas las dificultades.” (Florencio Arnáiz)

Quiero alistarme para siempre bajo el estandarte de María para trabajar por su honor

hasta que llegue la hora de sucumbir en su servicio.” (Joaquín Ochoa)

Cada vez encuentro mayor dicha y consuelo en pertenecer a la Compañía de María, y el mayor anhelo de mi alma es formar parte de la Familia de María por la profesión definitiva. Mi aspiración suprema en esta vida se resume en la frase: “A los pies de mi piadosísima Señora y Madre, quiero vivir y deseo morir”. (Sabino Ayastuy)

 

Cuatro en camino hacia el martirio

Fechas:

+ 14 abril 1931 se proclama la República.

+ 11 mayo 1931: arden iglesias y conventos.

+ 9 diciembre 1931: nueva Constitución con este preámbulo, “España es una república de trabajadores de toda especie”. Pero en su artículo 26 afirma que unos españoles – los religiosos – “no pueden ejercer la industria, el comercio y la enseñanza”.

+ 23 enero 1932: disolución de la Compañía de Jesús, incautación de sus bienes y destierro de sus miembros. Los religiosos marianistas vislumbran que les puede pasar lo mismo.

+ 5 octubre 1934: revolución de Asturias. Más de treinta religiosos, sacerdotes y seminaristas sacrificados. A la perspectiva del destierro se une la de un posible martirio.

El padre Miguel trabaja mucho con los antiguos alumnos enrolados en la Congregación Mariana y en la Acción Católica. Escribe en 1935:

“El cálido ambiente de esa juventud ardorosa produce siempre un efecto reconfortador. Sobre todo la adhesión entusiasta con que reciben la doctrina dura del sufrimiento, del sacrificio, es sencillamente sublime. No será vana la siembra de esta doctrina.”

+ 16 febrero de 1936: triunfo del Frente Popular. Ataques a templos, conventos, colegios, personas. La reacción marianista es serena y generosa. En marzo 27 jóvenes religiosos, muy conscientes de lo que les puede venir, piden hacer sus votos para siempre. Comparten estos sentimientos de Sabino:

Las actuales circunstancias han despertado en mí la convicción de que lo necesario e imprescindible es una mayor santidad, para hacerme cada día más digno de la hermosa vocación a la que la Virgen Santísima me ha llamado…La persecución no me arredra, pues Dios que la permite me dará gracia para salir de ella con provecho de mi alma.”

El padre Miguel sufre al ver la descristianización de España: por esa intención ofrece su vida al Señor. Confía en la Virgen del Pilar y en el Sagrado Corazón de Jesús, cuyo monumento le gusta visitar en el Cerro de los Ángeles. Allí, al fin del curso de 1936, lleva a sus alumnos para fortalecerlos en la fe.

Y en los ejercicios a los marianistas les dice: “Hay que estar preparados para dar la vida por Cristo”. Entre los que le escuchan doce derramarán su sangre por Él.

 

28 de julio de 1936

El 18 de julio quedan 14 religiosos marianistas en el Colegio del Pilar de Madrid. El 24 de julio una comisión del gobierno y una patrulla de milicianos vienen a incautarse del edificio del Colegio, que se disputan entre ellos. Los recibe el padre Miguel. Unos milicianos encañonan a los religiosos, otros recorren el colegio en busca de armas: no las hay. Los llevan a Comisaría. Toman sus datos, les dejan en libertad, aconsejándoles que se dispersen.

El padre Miguel vive solo con otro religioso, don Silvino, en la sede de la Administración provincial en la calle Velázquez 21, 3º. El 28 de julio comen allí, además de los dos religiosos, un hermano seglar de don Silvino y dos empleados del Colegio: Melitón Díaz de Guereñu, y Fabiana Rentero, una señora que trabajaba con los niños pequeños. A las 3 se van don Silvino y su hermano. Hacia las tres y media llegan más de cien milicianos en varios coches. Dan orden al portero: – Al tercero izquierda, a por esos curas y párrocos… Suben, llaman… Les recibe el padre Miguel. Registran la casa y encuentran muchos objetos religiosos, cálices, ornamentos, imágenes, archivos… Todo lo tiran por la ventana a la calle, donde los otros se divierten con ellos, se ríen, blasfeman, se burlan y hacen una pira…

Se llevan al padre Miguel, a Fabiana y Melitón. En vano el padre Miguel intenta decirles que dejen en paz a los otros dos, que no tienen nada que ver en el asunto. No le hacen caso… ¡Curas y párrocos! El padre Miguel está sereno. Se da cuenta de que el ofrecimiento de su vida que había hecho al Señor se va a cumplir. Sabe que le detienen por ser sacerdote, por odio a lo cristiano. Y piensa que toda esa pobre gente que le insulta “no sabe lo que hace”…

A empellones meten a Miguel y Melitón en un coche; a Fabiana en otro.

Dirección: Vallecas. En la Dehesa de Moratalaz fusilan a Fabiana. Luego se detienen en el kilómetro 7 de la carretera a Valencia, junto a las casitas bajas de los trabajadores de una fábrica de ladrillos. Allí el padre Miguel da la absolución a su compañero, se abrazan y mueren acribillados a balazos.

En la mañana del 29 el juez municipal del Puente de Vallecas, levanta actas de defunción: “Un hombre sin identificar…”

 

14 de septiembre de 1936

El 19 de julio Florencio, Joaquín y Sabino se refugian en casa de dos hermanas solteras, las señoritas Bazán. Calle Castelló 40, 3º. Hacia mediodía llega el padre Manuel Álvarez, dominico, pues habían asaltado y prendido fuego a la iglesia del Rosario. A los dos días se le une otro dominico, el Hno. Teófilo Montes. La casa parece un convento: oración común, lectura espiritual, estudio, rosario diario con las hermanas… Se enteran de la muerte violenta del padre Léibar y compañeros… Pasa lento el tiempo. El 12 de septiembre celebran la fiesta patronal marianista, el Santo Nombre de María. Pero el portero los ha denunciado… 13 de septiembre, 4 de la tarde. Irrumpen en el piso cuatro milicianos armados.

Registran todo; buscan armas que evidentemente no encuentran. En cambio abundan los libros y objetos religiosos:

– Aquí todo es de curas…

Uno de los milicianos se encara con el padre Manuel y, señalándole un Cristo, quiere que blasfeme. Rotunda negativa del padre: “¡Yo, no! ¡Nunca!”

De nada sirven los lamentos y las súplicas de las buenas mujeres. Con palabras soeces y a empellones los bajan por las escaleras. Sabino, en uno de sus típicos arranques de generosidad, se acerca al portero, le da las gracias y le abraza. Los llevan a la checa ‘Radio Comunista del Oeste’, calle San Bernardo nº 72. Es el convento, incautado, de las Salesas donde Sabino tenía una prima religiosa. El juicio fue sumarísimo: eran religiosos y ese ‘delito’ estaba castigado con la muerte. En la checa, lugar de paso, procuraban sonsacarles las direcciones de otros ‘enemigos del pueblo’ para seguir ‘haciendo limpieza’. Para conseguirlo tenía esta checa un especialista: un boxeador profesional que empleaba métodos contundentes. Poco debió conseguir de los tres jóvenes marianistas.

Hacia las 2 o 3 de la mañana en la carretera de El Pardo los fusilan… Era el 14 de septiembre, fiesta del Triunfo de la Santa Cruz. Horas más tarde, en las cunetas del km. 7, la policía encuentra los cinco cadáveres, acribillados a balazos. Sacan fotos. El enterrador del pueblo hace la lista de lo que llevaban encima: cruces, medallas, una partida de bautismo… Los entierra en una fosa común con otros catorce. Al final de la guerra un antiguo alumno descubre en la Dirección General de Seguridad la foto de Sabino y de los demás…

Fueron beatificados en Roma por Juan Pablo II el 28 octubre de 2007. Y desde ese día sus restos pueden ser venerados en la capilla del colegio Nuestra Señora del Pilar, de Madrid (Calle Castelló 56), enfrente de la tumba del P.Domingo Lázaro.

Cuatro testigos de Cristo que nos interpelan

Un mártir es un cristiano, testigo de Cristo, que para serle fiel no duda en aceptar la muerte. Además perdonando… como su Señor.

Murieron por la sencilla razón de ser religiosos. Nunca se metieron en política.

Pudieron haber apostatado, lo que hubiera supuesto un triunfo para sus perseguidores. No lo hicieron. Fueron a la muerte serenos y perdonando.

En el viento de locura que se apoderó de España en aquellos años, sus ejecutores fueron hombres y mujeres a quienes una propaganda machacona y perversa había lavado el cerebro. Les habían dicho que “La religión era el opio de los pueblos” y los católicos gente mala y peligrosa, “enemigos del pueblo”. Y se lanzaron, ferozmente, a ‘limpiar’ España de esa ‘peste’. ¿Se daban bien cuenta de lo que hacían? La mayoría, como decía Jesús de sus verdugos, ‘no sabían lo que hacían’. El Señor les habrá perdonado. Sus víctimas, como Miguel, Florencio, Joaquín y Sabino, sí que sabían por qué morían… ¡por amor a su Señor y amor de aquellos mismos que los mataban! Para ellos, el martirio no fue un accidente sino una gracia, un regalo de Dios.

La Iglesia los ha beatificado: ¿para qué? Para que nos miremos en ellos y sacudamos nuestras perezas de cristianos comodones, a quienes hoy nadie amenaza de muerte.

Desde jóvenes,

+ sintieron el llamado de Jesús: “Ven y sígueme”…

y Le siguieron

+ oyeron a María que les decía: “Haced lo que Él os diga”…

y lo hicieron.

+ resonó en ellos la orden de Cristo: “Id y haced discípulos…”

y pusieron manos a la obra.

Y cuando llegaron los momentos difíciles:

supieron ser fieles,

supieron perdonar,

supieron dar la vida.

¿Qué te dice todo esto?

 

Una biografía completa

Para conocerlos mejor, recomendamos esta obra

Madrid, verano de 1936

Salaverri, José María. “Miguel Léibar y compañeros. Marianistas – mártires”Ediciones PPC – Madrid. 2007

Con un interesante y esclarecedor prólogo de Enrique Torres Rojas sobre la teología del martirio.

martires_madrid_verano_1936_02