Carlos Eraña, Jesús Hita y Fidel Fuidio

Ciudad Real. 1936

Los tres primeros mártires marianistas en ser beatificados

Carlos Eraña, Fidel Fuidio y Jesús Hita. Los tres son religiosos laicos de la Compañía de María (Marianistas) inmolados en la persecución religiosa de los comienzos de la guerra civil (1936), en Ciudad Real (España). Como religiosos educadores dedicaron su vida al apostolado de la enseñanza y la formación en la fe. Vivieron con estusiasmo su vocación religiosa marianista. Un conjunto de circunstancias providenciales hizo que los tres coincidieran en Ciudad Real, en el verano de 1936. Dado que la comunidad quedó dispersa al principio de la persecución, se prepararon separadamente al martirio, que sufrieron en días distintos.

Carlos Eraña Guruceta nació en Aozaraza-Arechavaleta (Guipúzcoa) el 2 de noviembre de 1884, en el seno de una familia profundamente cristiana. Entró en el Postulantado Marianista de Escoriaza, cercano a su casa, en 1899. Emitió sus primeros votos como Marianista el 9 de Septiembre de 1903. Desde 1904 se entregó a la educación cristiana de los niños en diversos centros marianistas de España. Fue profesor de enseñanza primaria en Escoriaza, Villafranca de Oria y Madrid. Y luego desempeñó ejemplarmente el cargo de Director en los Colegios de Ciudad Real (1916-1927), Tetuán-Marruecos (1927-1933), y Madrid, en el Colegio Ntra. Sra. del Pilar, desde 1933 hasta su muerte.

Como educador supo granjearse la estima y el afecto de los alumnos y de sus familias, consiguiendo que cada Colegio fuese una comunidad edicativa. Como Director cuidó especialmente de la formación de los profesores marianistas, la mayoría muy jóvenes. Carlos Eraña es considerado justamente como uno de los más insignes pedagogos de la primera generación de marianistas españoles.

El 24 de julio de 1936, el Colegio del Pilar, donde residía, fue incautado por un grupo de milicianos, con la consiguiente dispersión de la comunidad religiosa. Carlos Eraña fue detenido dos veces y luego puesto en libertad. Cuando vió que en Madrid su vida corría peligro y que allí no podía hacer nada útil para el Colegio o la comunidad, decidió ir a Ciudad Real pensando que algún antiguo alumno podía protegerlo. Después de un accidentado viaje y de una nueva detención en Alcázar de San Juan, que estuvo a punto de costarle la vida, llegó a Ciudad Real el 29 de Julio. Allá encontró las dos comunidades marianistas dispersas y los colegios incautados, mientras imperaba un clima de violenta persecución a sacerdotes, religiosos y católicos más significados. Vivió en ese ambiente de prueba más de un mes, conservando siempre la serenidad de espíritu. Solía decir: “Sea lo que Dios quiera”. Movido por la caridad y manifestándose siempre como religioso, trató valientemente de ayudar a los marianistas ocultos en diversos lugares de la ciudad. El 6 de septiembre fue arrestado por los milicianos y llevado a la “Casa del Pueblo”, donde permaneció 12 días en completo aislamiento. Bien consciente del peligro que corría, vivió esos momentos en completa paz, totalmente entregado a la voluntad de Dios. El día antes de morir manifestó su deseo de confesarse. En la madrugada del 18 de septiembre fue sacado de la improvisada cárcel y fusilado en el puente de Alarcos, a pocos kilómetros de la capital.

Fidel Fuidio Rodríguez nació en Yécora (Alava) el 24 de abril de 1880. Hizo el Postulantado marianista en Vitoria (España) y en Pontacq (Francia) de 1892 a 1896 y emitió sus primeros votos en la Compañía de María en 1897. Después de dos años de preparación en Escoriaza (Guipúzcoa), inició su carrera de profesor y educador que ejerció durante 35 años. Enseñó en varios colegios Marianistas de España: Jerez de la Frontera, Cádiz, Madrid (1910-1933) y Ciudad Real. Dotado de una personalidad alegre y expansiva, exuberante de celo apostólico, se valió de la simpatía como método educativo, consiguendo notables resultados y dejando unaimborrable huella entre sus alumnos. Durante su estancia en Madrid, y sin dejar la enseñanza, obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Históricas. Su tesis doctoral “Carpetania Romana” (1934) es el fruto denumerosos descubrimientos arqueológicos, llevados a cabo con la colaboración de sus alumnos. Discípulo de Hugo Obermaier, insigne arqueólogo y gran amigo de los Marianistas, Fidel Fuidio es considerado en la actualidad como uno de los pioneros de la arqueología madrileña. Como religioso, observaba fielmente sus compromisos y siempre estaba dispuesto a ayudar a sus cohermanos. En su vida de comunidad trató de ser según su propia expresión, “propagador de entusiasmo y sembrador de optimismo”. Amaba a su Instituto con cariño filial y cultivaba una devoción especial a la Virgen María.

A finales de junio de 1936, Fidel Fuidio fue operado de una hernia en Madrid, regresando a su comunidad de Ciudad Real el 17 de julio, aún convaleciente de su operación. El 25 de julio, Fidel tuvo que dejar su comunidad y trasladarse a una fonda, ya que el Colegio había sido requisado por la Guardia Civil. El 7 de agosto, los milicianos se presentaron de noche en la pensión para proceder a una detención y se llevaron también a Fidel, al verle un crucifijo en el pecho. Lo condujeron al Gobierno Civil, en cuyo desván habían instalado un cárcel provisional (es bien significativo que ese lugar donde estuvo detenido, ¡es hoy el Museo de Ciudad Real, donde se exponen entre otras cosas, los restos de sus descubrimientos arqueólogicos!). El tiempo de su prisión lo pasó preparándose a bien morir y tratando de levantar la moral a los demás detenidos. Rezaba constantemente y se confesaba a menudo con los sacerdotes presos, manifestando muchas veces su prontitud a “morir por la fe”. El 15 de octubre fue dejado en libertad después de un simulacro de juicio. Pero antes de salir de la prisión fue llevado por los milicianos a la “Casa del Pueblo”. De allá lo sacaron en la noche del 16 al 17 de octubre y lo fusilaron junto al cementerio de Carrión de Calatrava.

Jesús Hita Miranda nació en Calahorra el 17 de abril de 1900. Después de pasar dos años en el Seminario Diocesano, entró en el Postulantado Marianista, donde destacó por su piedad y su entrega. También se observó en él una tendencia a la tartamudez, especialmente en momentos de tensión. Hizo sus primeros votos en Vitoria, el 14 de agosto de 1918. Al hacer los votos definitivos sufrió una gran prueba, pues los Superiores no le destinaron al sacerdocio, como era su aspiración. Animado por su director espiritual marianista y movido por su entrañable amor a María, decidió finalmente profesar como religioso laico dedicado a la educación de los jóvenes.

Desde 1921 hasta su muerte, Jesús Hita se entregó de corazón a la enseñanza en los diversos Colegios donde fue destinado: Suances (Santander), Escoriaza (Guipúzcoa), Vitoria, Ciudad Real, Jerez de la Frontera y Madrid. Fue un excelente educador, solícito del bien de sus alumnos, siempre dispuesto a desempeñar trabajos complementarios o de suplencia y muy tenaz en su trabajo personal. Sin dejar la enseñanza obtuvo el título de licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza, con buenas calificaciones. Fue un religioso profundamente piadoso y abnegado, amante de la Virgen, fiel cumplidor de sus votos. A pesar de algunas dificultades debidas a su carácter perfeccionista y a su extrema sensibilidad, buscó con decisión la perfección de su estado: “ser santo, ser útil, darse, son tres frases que tengo metidas en el fondo de mi alma”.

A finales de Junio de 1936, los Superiores destinaron a Jesús a Ciudad Real, para dar allá las clases de verano en sustitución de D. Fidel Fuidio, todavía convaleciente. Se despidió de algunos parientes con estas palabras: “Sea lo que Dios quiera, si somos mártires mejor”. Al llegar a Ciudad Real, el 6 de julio encontró una situación caótica. Días después, cuando el Colegio fue ocupado, se refugió por indicación del superior local en una pensión de familia, donde residían otros religiosos. Allá vio cómo se iba desencadenando la persecución religiosa, que afrontó con ánimo sereno. Se dedicó a la oración y a la penitencia, tratando de prepararse al martirio, que veía cada vez más inminente y del que hablaba a menudo. Se confesaba frecuentemente con el P. Juan Pedro, Pasionista.

El 25 de septiembre los milicianos hicieron irrupción en la pensión para llevarse a los sacerdotes y religiosos. Jesús siguió a sus verdugos con toda tranquilidad, despidiéndose de las dueñas de casa con una sonrisa. Esa misma noche fue inmolado en Carrión de Calatrava, junto con los beatos Juan Pedro de San Antonio y Pablo María de San José, Pasionistas del Convento de Daimiel. Jesús Hita había querido ser sacerdote, pero el Señor le había destinado para una vocación mejor: la de mártir.

Los restos de Carlos, Fidel y Jesús estuvieron, desde que se inició el proceso de beatificación, en un columbario en el vestíbulo de la capilla del antiguo Escolasticado de Carabanchel Alto, hoy Colegio Hermanos Amorós.

Los tres fueron beatificados por Juan Pablo II en Roma el 1 de octubre de 1995. Fueron así los primeros beatos de la Compañía de María.

Ciudad Real, en plena Mancha es evidentemente un lugar marcado por su testimonio. En el caso de Carlos y de Fidel, no solo por su martirio, sino porque allí fueron educadores entusiasmados con su vocación y entusiasmaron a niños y jóvenes con sus maneras de educar y de hacer más digna y justa la vida. La ciudad le dedicó a Carlos Eraña la calle donde está la comunidad marianista y el colegio. Además, desde su beatificación, los restos de los tres están en un lugar de honor en la capilla colegial, la “capilla de los mártires”.

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Fotos de la fachada del Colegio “Nuestra Señora del Prado”: imagen antigua e imagen actual con el busto de Carlos Eraña

Bibliografía:

  • Ortega, Emilio. “Con la lámpara encendida. Los beatos Carlos, Jesús y Fidel”. 235 pag. Servicio de Publicaciones Marianistas. Madrid. 1995
  • Gastaminza, Fermín. “El beato Carlos Eraña, marianista”. SPM. Madrid. 1995
  • Gascón, Antonio. “El beato Fidel Fuidio, marianista”. SPM. Madrid. 1995
  • Salaverri, José María. “El beato Jesús Hita, marianista”. SPM. Madrid. 1995