La Compañía de María salió por primera vez de la zona bordelesa de los orígenes en 1823, con la fundación de Saint Remy (Franco Condado). Inmediatamente sucedió la expansión por otras zonas del nordeste francés: sobre todo ALSACIA (Colmar. 1824, Saint Hippolyte, Ebersmunster), región de donde surgieron numerosas vocaciones, y el mismo FRANCO CONDADO (Besançon, Courtefontaine). Ya antes de la fundación de Saint Remy, los primeros aspirantes alsacianos llaman a la puerta de la Compañía, formándose en el noviciado de Burdeos. A partir de las fundaciones de Alsacia y Franco Condado, surgen las nuevas casas de formación en el Nordeste. Vamos a presentar al primer grupo de marianistas significativos de Alsacia, que está al origen de una larga e ininterrumpida respuesta vocacional. La Compañía de María sin Alsacia no se entendería bien. Y la España marianista le debe también mucho a esta gran región de Francia.

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1. Los hermanos Meyer (León y Benito)

León Meyer (1800-1868), fundador de la SM en Estados Unidos

Este alsaciano se ha significado en la historia marianista por dos motivos: haber sido el fundador de la Compañía de María en Estados Unidos (1849) y ser uno de los mejores representantes de la memoria y defensa del espíritu fundacional, al mismo tiempo que discípulo formado por el mismo Chaminade. León nació en 1800 en Eguisheim , pequeño pueblo cercano a Colmar, en el seno de una familia de costumbres patriarcales que dio casi todos sus hijos a la Iglesia. Los primeros años como estudiante los pasó en Luxeuil, Vesoul y luego en Estrasburgo. Es ordenado sacerdote en 1823 y nombrado capellán del hospital de Estrasburgo . Sin embargo, desde hace años, la llamada a la vida consagrada, está en lo más hondo de su ser: muy joven todavía, había intentado ingresar en el Cister, aunque su padre le había pedido que esperara. Incluso una vez ordenado sacerdote, soñaba entrar en la Compañía de Jesús. Así, después de tres años solicitándolo, obtuvo de su obispo la autorización. Marchó entonces hacia Friburgo (Suiza), donde estaba el noviciado jesuita. Pero Dios le esperaba en el camino para cambiar sus planes. Quería detenerse en el colegio de Saint Remy para preparar, en este centro educativo marianista, el ingreso de su hermano Benito. Nada más llegar, se estaba celebrando una de las tandas de Ejercicios para maestros, y el P.Carlos Rothea le pide que le ayude. Pasa unos meses en Saint Remy que son decisivos para reorientar su vocación. Y al continuar el viaje, cambia de dirección: en vez de seguir hacia Friburgo, emprende el camino hacia Burdeos , donde G.José Chaminade le inicia en la Vida consagrada marianista. Tras su año de noviciado en San Lorenzo, el 20 de octubre de 1828, hace su profesión definitiva “con el corazón inundado de alegría”. Tras un segundo año pasado en Burdeos junto al fundador, regresa a Saint Remy, donde desempeña los servicios de profesor y capellán (1829).

A continuación pasa a dirigir la casa de Courtefontaine (1833), antigua abadía en el Franco Condado, regalada por su propietaria a la SM. En este lugar desarrolla una inmensa labor como superior y maestro de novicios, pero será la parroquia la que absorberá la mayor parte de su tiempo. De este momento tenemos algunos testimonios sobre la influencia espiritual y el carisma de fe curativa de León. El significativo 1839, año del “Decreto de Alabanza” y de la famosa “Carta a los predicadores de Ejercicios” (24 de agosto), lo vive allí, donde se predica una de las diez tandas, encargadas por el P. Chaminade para inculcar a todos los religiosos el espíritu de la Compañía, tal como le había pedido el papa. Se cuenta que uno de esos días (que estaba predicando Perrodin), tras una solemne celebración en la capilla, el P. León Meyer dejó sobre el altar la “carta a los predicadores”, carta magna del carisma marianista, a la vista de toda la comunidad y de los novicios. Uno de los religiosos, Andrés Fridblatt, estaba atormentado por muchas dudas de fe, y tras escuchar la lectura de la carta, en medio de una extraña inmovilidad, se sintió tocado por la gracia y cambió totalmente en su interior. En Courtefontaine realizó importantes construcciones sin necesitar el dinero de la Compañía: tal como se hizo famoso en él, sobre todo en la fundación de Estados Unidos, “interesaba a San José” en la operación, y este nunca le fallaba. El dinero necesario venía en forma de donaciones, estilo de financiación que se haría ya normal en Estados Unidos y que es una forma de solidaridad y de preocupación social típicas en la actualidad, en las sociedades norteamericana y latinoamericana. A continuación es nombrado director de la casa alsaciana de Ebersmunster (1843), también una antigua abadía, que compró la familia Rothea y que regaló a la Compañía.

Chaminade y Meyer. La estrecha unión espiritual de maestro y discípulo.

Los contemporáneos decían que, entre los discípulos de Chaminade, Leon Meyer era quien representaba mejor el espíritu del fundador. De hecho, después de haber sido formado por Chaminade en la vida religiosa, no cesó de mantener con él una correspondencia llena de mutua confianza. Concretamente conservamos diecisiete cartas de dirección espiritual, en las que se tocan temas diversos: oración, vida de fe, unión con Dios, María, los silencios, abandono a la acción del Espíritu Santo… De algunas de ellas solo conservamos un trozo. Así le guiaba Chaminade a León: “Renuévate sin cesar mi querido hijo; lleva una vida verdaderamente interior en medio de todas tus ocupaciones; llega a ser un hombre de oración. Yo te repito el consejo de San Bernardo al papa Eugenio, que había sido su discípulo: “Concha esto et non canalis” (sé una alberca y no un simple canal): la piscina da de su abundancia; en cambio el canal da todo lo que recibe, pero se queda siempre seco” (4 noviembre 1836.Chaminade. Lettres IV 895). En otra ocasión, Chaminade le recuerda que María está a nuestro lado, en la misión, aunque haya problemas: “La Santísima Virgen, nuestra augusta madre, nos hace triunfar en los asuntos más difíciles y espinosos. Trabajemos con celo, formémosle personas que Ella pueda adoptar como hijos” (8 marzo 1837.Lettres IV. 944). Y en esta, le invita a vaciarse de sí y entregarse a Dios por entero: “Siento, querido hijo, que ya es hora de que tu alma se agrande para no arruinar la obra de Dios con ideas mezquinas o sentimientos débiles…” Las cartas de Chaminade eran siempre para León un motivo de formación y crecimiento espiritual. En ellas, es consciente de que está en contacto con el carisma fundacional. Así le escribe León al fundador el 6 de enero de 1837:“Su larga carta nos ha gustado mucho. Siempre que recibo una de ellas me proporciona materia para nuestras reuniones. No veo mejores medios que ellas, para transmitir el espíritu que le anima y le dirige a Vd, y que debe animarnos y dirigirnos a todos nosotros. Me propongo transcribir en un cuaderno todas las reflexiones espirituales que Vd ha tenido la bondad de dirigirme” (Chaminade. Lettres IV.921). Una carta típica que manifiesta no solo el corazón de Meyer en la relación discipular con Chaminade, sino su profunda vida espiritual, es la que Meyer escribe al fundador desde Courtefontaine a otra que Chaminade le ha enviado 13 de enero de 1838: “Leyendo sus últimas cartas, he experimentado una cierta emoción por las amonestaciones que Vd me ha dirigido, y mi amor propio se ha sentido un tanto herido; pero la calma me ha llegado enseguida, y aunque he pensado que podía fácilmente justificarme, he preferido sentirme bien con el hecho de que Vd haya querido decirme con franqueza lo que le disgustaba de mi conducta: es la mejor prueba de su bondad y de su amor hacia mí. Yo le ruego que continúe esa práctica bondadosa de indicarme en sus cartas mis defectos y las meteduras de pata en que he podido incurrir. Usted me dice que yo busco contradecirle, siguiendo más bien mis ideas. Pero Buen Padre, yo creería faltar a mi deber dejándole con esta persuasión. Siempre me acuerdo de una cosa que Vd me dijo un día en Burdeos: “aunque estemos separados por doscientas leguas de distancia, es preciso que estemos en comunión de pensamientos”. Yo estaría muy disgustado de experimentar el menor sentimiento que fuera opuesto al suyo”(Chaminade. Lettres.IV. 1022).

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“Nazaret”. La fundación de la SM en Estados Unidos. Las universidades marianistas.

Recién ordenado sacerdote, en su etapa como capellán del hospital de Estrasburgo, había tenido la visita de Isabel Eppinger, que vivía en Niederbronn, y que luego sería la fundadora de la congregación del Santo Salvador. Esta mujer tenía fama de poseer el carisma de profecía, y hablando con León Meyer le dijo: “Estás llamado a ser un sacerdote fiel a María. En dos meses dejarás este trabajo como capellán del hospital, para seguir tu vocación y para atravesar los mares”. Esta profecía parecía anunciar que efectivamente, a través de León, la SM atravesaría el Atlántico para hacerse presente en América por primera vez. La vocación misionera estaba ya puesta como semilla en el corazón de León.

A finales de 1848, el P.Clement Hammer, párroco de la Santísima Trinidad de Cincinatti, con ocasión de un viaje por Europa, tuvo ocasión de conocer a los religiosos marianistas, y constatar el bien que hacían en los colegios alsacianos. De regreso a Estados Unidos, y queriendo procurar a su parroquia un empuje misionero parecido, habló con el misionero jesuita P. Wenninger, quien ya conocía a la SM en Friburgo, y que le animó a continuar con el plan. Este se materializó al contactar Wenninger con Siegwart-Muller, antiguo alcalde de Lucerna, y ahora exiliado en Francia, quien hizo llegar a Caillet la petición de que la SM fundara en Cincinatti. El mismo obispo de esta ciudad escribió solicitando la fundación.

En 1848 León Meyer escribía al P. Juan Chevaux, que entonces era primer asistente de la Compañía: “Le ruego que me envíe a América como Moisés envió en su tiempo a Josué y Caleb a la tierra prometida, para examinar el país. No creo que haya nada contrario a las intenciones del buen Dios. No tiene Vd mas que asignarme uno o dos compañeros y partiré.Me parece que ha llegado el momento de actuar”. El 28 de abril de 1849, el P.Jorge José Caillet, superior general, le enviaba la carta de obediencia, donde le enviaba a América: “Querido hijo: el momento marcado por la divina providencia parece haber llegado. Todo nos lleva a creer que el Señor llama a la Compañía a extender en el Nuevo Mundo la bondad de la educación cristiana, con el conocimiento y amor de María (…). El consejo ha sido unánime al expresarse favorablemente sobre la proyectada fundación en Cincinatti, y ha puesto los ojos en usted, querido hijo, para el importante cargo de superior de la primera comunidad(…)”. Un mes después, el 28 de mayo, el P. León Meyer embarcaba en Le Havre, “puerta oceánica” de Francia y también de la Compañía, hacia la tierra americana. Era el primer viaje de la SM fuera de Europa. Meyer llegaba a Nueva York el 4 de julio, después de 38 días de travesía, y a Cincinatti, “la Roma de América”, el 10 de Agosto.

Al llegar a esta ciudad, se presentó al obispo de aquella diócesis, que lo envió inmediatamente a atender a los enfermos de cólera en la ciudad de Dayton . Desde allí le escribió al P. Caillet para que le enviara otros cuatro religiosos, al mismo tiempo que le pedía que transmitiera un caluroso saludo al P. Guillermo José Chaminade. Al fundador le quedaban en ese momento cuatro meses de vida; los últimos años habían sido muy duros, pero había tenido junto a él a religiosos que no le abandonaron nunca, como es el caso de León Meyer.

En Dayton se ganó León Meyer el afecto de mucha gente por su generosa dedicación a los enfermos. Apenas se presentó la ocasión, sin consultar a nadie, adquirió en esta ciudad, una gran propiedad (Dewberry Farm), dando como fianza al propietario (John Stuart) una medalla de san José y diciéndole: “No tengo el dinero necesario, pero este le pagara todo”.Inexplicablemente, con la ayuda del santo, en un año, encontró todo el dinero necesario para comprar la finca. A la nueva casa, le puso el nombre de “Nazaret” : se convirtió en la casa madre de los marianistas en Estados Unidos. El día de San Francisco Javier, patrono de los misioneros, llegaron los cuatro religiosos que había solicitado: Juan Bautista Stintzi, Maximin Zehler, André Edel y Damián Litz. La primera misión marianista fue la humilde escuela de la Trinidad, en Cincinatti. En Dayton se abrió una escuela de agricultura, sobre el modelo de la que funcionaba en Saint Remy, después un postulantado y un noviciado. La Compañía comenzó a expandirse a marchas forzadas gracias a los trabajos de Juan Bautista Stintzi (1821-1900), que primeramente fue superior en Cincinatti, luego en Cleveland, Dayton y Rochestar, para llegar a ser el primer inspector provincial de “América”. Dejó en América un gran recuerdo de santidad.Maximin Zehler (1826-1892) consagró su vida a la gran obra del Colegio Santa María, de Dayton, que se convertiría inmediatamente en la floreciente Universidad de ese nombre (“Universidad Marianista de Dayton: http://www.udayton.edu/”), la primera de las universidades marianistas. Murió a los 66 años, con la gratitud de las varias generaciones de alumnos que había formado.André Edel (1813-1891) fue el fundador de las misiones marianistas en Texas: en mayo de 1852 dejaba Nazaret, descendía el Missisipi, hasta Nueva Orleáns, y desde ahí llegaba a Galveston y aSan Antonio. El instituto de San Antonio se convertiría en el otro gran centro educativo de la SM en Estados Unidos, convertido también en la “Universidad Santa María”. Allí pasó muchos años, antes de volver a morir en la casa “Nazaret”. Damian Linz (1822-1903) fue un marianista polifacético, que lo mismo trabajaba como artesano que como profesor o periodista. Muchos artículos salieron de su pluma en los que dejó su testimonio de educador y religioso. Tras estos cuatro pioneros enviados por la SM francesa, llegaron más, y poco a poco fueron relevados por las numerosas vocaciones que empezó a dar Estados Unidos, convirtiéndose históricamente, con el correr del tiempo, en el segundo país del mundo en número de religiosos marianistas.

León Meyer encontró resistencias en el párroco y en el vicario episcopal de Cincinatti, ya que no veían con buenos ojos la rápida e irresistible expansión de la Compañía. Incluso el vicario le llegó a ofrecer una de las mejores parroquias de la diócesis si abandonada la Compañía. Estas dificultades se las comentaba por carta al P. Juan Chevaux: “Estoy encontrando muchas dificultades. El demonio no quiere absolutamente saber nada de la Compañía en América, y yo habría hecho ya el viaje de vuelta a Francia si no me hubiera sostenido la palabra de la vidente de Niederbronn. Gracias a Dios no me he descorazonado ni un instante” (16 febrero 1851). A estas contrariedades de los hombres, se les unió las de los accidentes: la noche del 26 al 27 de diciembre de 1855 un incendio arrasó la casa de Nazaret. León Meyer fue el primero que se levantó y logró evitar daños personales. Los postulantes fueron alojados en casas de los vecinos, salvo uno, Nicolás Nickels, que no consintió en marcharse. Se quedó con la comunidad y con el correr del tiempo se convirtió en el primer Maestro de novicios de la provincia americana.

León Meyer, con la ayuda de San José, no solo logró reconstruir en breve tiempo la casa de Nazaret, sino que fundó todavía una docena de escuelas. Tras la fundación en Texas, envió a los marianistas a la región de los Grandes lagos: era la fundación de Cleveland (1856). Y continuaba siendo un ejemplo asombroso de “economista josefino: En 1854 le escribía Cluozet y le decía: “miro tus cuentas y la verdad es que no tengo nada que comentarte; parece que tienes a San José de cajero ”. Meyer contestaba siempre: “La verdad es que no llevo cuentas con San José”.

En 1855 fue nombrado superior provincial de Ohio. Iba a ser su último servicio a la naciente Compañía de Estados Unidos. En 1858 erigió una capilla en “Nazaret”, encontrando el dinero para hacerla, lógicamente a través de San José. La puso bajo la advocación de María Inmaculada, colocando una estatua de la Virgen con la inscripción: “Ave María, gratia plena”. Lacapilla de la Inmaculada es hoy el lugar sagrado de nuestros orígenes en la Universidad marianista de Dayton, y fue la portada del libro conmemorativo de los 150 años de la Universidad (“University of Dayton. 1850-2000. From Nazaret to the New Millenium”) . En 1943 los Marianistas, con objeto de conmemorar su llegada a Estados Unidos (1849), y el nacimiento de su Universidad (1850) proyectaron la creación de una biblioteca mariana, que fundaron con el título que actualmente conserva “Marian Library” , y que se ubicó en una sala de Saint-Mary’s Hall. Debido a su expansión, ya en 1971 se trasladó a la biblioteca de la Universidad. Es una de las bibliotecas marianas más importantes del mundo.

León Meyer sentía en 1859, solo diez años de su llegada a América, que había cumplido su misión y debía dejar esa tierra: “En cuanto a mí, comienzo a estar cansado. Mis diez años en América me han envejecido veinte. Mi espíritu está agotado, y todo lo que le puedo decir al buen Dios es esto: Dios mío, te quiero, y quiero amarte cada día más; no deseo otra cosa más que cumplir tu voluntad. Me abandono enteramente a ti. No quiero pensar, decir y hacer más que lo tú quieras”El 25 de marzo de 1860 escribía estas líneas significativas a sus superiores de Francia: “El año 1850, el 19 de marzo he celebrado por primera vez, la santa misa en Nazaret: han pasado ya diez años. Cada diez años, los obispos americanos dan cuenta de su gestión al soberano pontífice. Yo estaría dispuesto a dirigirme al lugar que me asignaran para mi retiro. La Compañía de María ha echado raíces en América. Es preciso seguir con esfuerzo la obra emprendida, pero yo creo que mi misión ha terminado y otros deben retomar mi puesto. Me pongo a vuestra disposición. No teman contrariarme, sea lo que sea el nuevo trabajo. Estoy dispuesto a ir a donde me envíen.”

Antes de tomar esta decisión, el P. Caillet juzgó prudente enviar a Estados Unidos un visitador. Era el año 1862. El P. Jean Courtés, que fue el segundo provincial de “América”, se encargó de esta misión; dio cuenta de lo que había visto sobre la marcha de la SM en Estados Unidos y le pareció oportuna la petición de Meyer de volver a Francia.

 

La vuelta a Francia. Últimos años. Memoria viva de Chaminade

León Meyer dejó América en Noviembre de 1862, cuando la provincia que había fundado contaba ya con sesenta religiosos, y ejercía su misión en dos colegios y diez escuelas parroquiales. Volvió a Europa con John Baptiste Kim, un postulante que deseaba aprender francés en Francia. León pasó algunos meses de descanso, en cuyo tiempo leyó “La dignidad y santidad sacerdotal” (conocido como “La selva”) de San Alfonso María de Ligorio, un libro que le había regalado el P. Chaminade. En los años siguientes continuó preocupándose de las misiones americanas, con la construcción de la casa de Kembs, que iba a ser a la vez un orfanato y un noviciado para formar a los religiosos obreros que irían a trabajar a la Escuela agraria de Dayton. En 1863 leyó el “Pequeño tratado de la oración mental” del P. Juan Chevaux, pero no lo aprobó. En una carta (4 octubre 1864), le escribía al autor, primer asistente general de la SM: “Te aseguro que me he quedado decepcionado de no haber encontrado en tu libro el método de iniciación a la Meditación del Credo del P. Chaminade”Comentarios como este o como la famosa carta de Carlos Rothea sobre el “espíritu de la Compañía” (30 enero 1846; cf. Biografía de Carlos Rothea), son una prueba de cómo el espíritu fundacional estaba bien arraigado en una serie de marianistas de la primera generación, que no dudaban en “corregir” los textos o pensamientos de otros hermanos, aunque estos fueran nada menos que los dos primeros superiores generales de la Compañía (Caillet o Chevaux). La vida y la espiritualidad marianista le deben así mucho a quienes fueron, no solo apoyo a la persona de Chaminade, sino transmisores y memoria viva del espíritu fundacional.

En estos años se vio aquejado de una enfermedad en una pierna. Los médicos aconsejaron una cauterización, pero León la rechazó. En 1866 se le concedió un viaje de peregrinación a Roma. En esta estancia, demostró una vez más su espíritu pionero y su disponibilidad de fundador. Paseando por la ciudad, concibió una idea que comunicó rápidamente al P. Caillet:“Considerando la situación actual de la SM, pienso que sería útil tener una comunidad en Roma. Yo estaría dispuesto a abrir una escuela”. Naturalmente la propuesta no fue aceptada. La fundación en Roma llegaría, sin embargo, veinte años después (1887). Vuelto a Francia tuvo la alegría de enterarse de la noticia de la profesión de Jean Baptiste Kim. Este sería luego el segundo inspector de “América” e inspector general de la SM. También contempló con satisfacción que el Noviciado de Kembs tenía 90 novicios dispuestos a ir a Estados Unidos. Se encontró con el P. Carlos Rothea, y ambos se lamentaban del olvido al que estaba sometida la memoria del P. Chaminade. Enfermo, se retiró a Saint Remy, donde murió el 30 de enero de 1868.

 

Una espiritualidad netamente marianista en un hombre entregado a Dios y a los demás

La memoria que la Compañía de María tiene de León, no solo en Estados Unidos, sino en todos los lugares y personas que le han conocido, hacen de él un modelo de seguidor de Jesús en la Vida Consagrada. Hombre de Dios y sacerdote entregado a su ministerio, era cercano a la gente, volcado con los pobres, misionero dispuesto a ir a donde Dios pidiera. Su vivencia de los consejos evangélicos era legendaria: pobre con los pobres, con un corazón lleno de amor y liberado, disponible para la misión en la Compañía. Su identificación con el fundador por lo que este era y por lo que representaba, le llevó a identificarse cada vez más con el “espíritu de María”, que es el de la Compañía. Todos los contemporáneos han sido testigos de esa unión suya con Chaminade y con el espíritu fundacional.

Bibliografía

  • CHAMINADE, G.JOSÉ. “Lettres” II. pag 295
  • FERRERO, PIERO. “La spiritualitá dei discepoli del B. Chaminade”. ArsGL edizioni. Vercelli. 2001. pags 103-111
  • LEBON, HENRI. “Societé de Marie (Marianistes) Histoire d’un siecle (1817-1917)”. Pro manuscrito. Castelgandolfo. 1960
  • GRAVES. JOHN G. “Father Leo Meyers’s 13 Years at Nazaret”. Sesquicentennial Series 1849-1999. nº 1. NACMS. Dayton. 1997

 


 

 

2. Los hermanos Rothéa (Luis y Carlos)

Luis Rothéa (1785-1844)

Luis Rothéa es una de figuras más representativas de los orígenes de la Compañía. Fue el instrumento escogido por Dios para introducir a la Compañía en Alsacia, y a través de esta región, en el Franco Condado, y luego en Austria y América. Nace en 1785 en Landser, cerca de Mulhouse (Alta Alsacia). Estudia comercio en Burdeos. Conoce la Congregación de la Inmaculada y entra en ella como congregante justo el año de la fundación de la Compañía (1817). Se pone a disposición de Guillermo José Chaminade y pide la admisión al Noviciado, que comienza el 15 de Agosto de 1819. El 23 de octubre de 1821 hace la profesión definitiva. El año siguiente, el P. Ignacio Mertian, fundador en Estrasburgo de los “Hermanos de la Doctrina cristiana”, le pide a Guillermo José Chaminade un religioso para iniciar a sus novicios en la vida religiosa. Luis es el elegido para esta misión delicada de ser maestro de novicios, y pasa un año entero en Ribeauvillé, vestido con el hábito de los Hermanos de la Doctrina cristiana, y haciéndose llamar “hermano Ignacio”. La familia Rothéa constituye un clan familiar que juega un papel análogo al de los Mertian, en la implantación de una congregación religiosa en Alsacia. De hecho « la familia de los Rothéa estaba unida por relaciones profesionales y de amistad con la familia Mertian, que eran también grandes comerciantes » . (Nicolas Shelker. “La Compañía de María en Alsacia. 1824 – 1870”). Luís va a iniciar muy pronto la introducción del carisma y la vida marianista en Alsacia, ayudado por sus hermanos: Carlos (que era sacerdote, párroco de Santa María de las Minas, y que acababa de entrar en la Compañía en 1821), y Javier, seglar, que se haría afiliado a la SM. “Alsacia, decía Luís, es una tierra de gran devoción a la Santísima Virgen , y por eso está predestinada para acoger un instituto consagrado a María. Se podría convertir en el semillero de la Compañía ”Palabras que los siguientes años convertirían en proféticas. De hecho, en 1822, los primeros postulantes alsacianos, fruto del interés vocacional de Luís, recorren a pie los 900 kilómetros que les separan de Burdeos, presentándose ante Chaminade para pedir la admisión al Noviciado de San Lorenzo. Era el principio de una corriente ininterrumpida de vocaciones, que a lo largo de los siglos XIX y XX, ha marcado la historia de la SM en Francia y ha influido en otras partes del mundo marianista.

Chaminade no pudo demorar la llegada a Alsacia. El mismo Maimbourg, párroco de Colmar le invitaba a venir. Luis en 1824 está en Burdeos, en el Noviciado de San Lorenzo, probablemente de director, y es enviado para abrir una escuela en Colmar. Era el primer centro educativo que se abría en Alsacia. Cincuenta años después, cuando los religiosos tuvieron que abandonar la Alsacia (1874), el colegio tenía 20 clases y mil alumnos. A partir de ese momento, Luis Rothéa se dedica, animado por Chaminade, al desarrollo de la vida marianista en la región.

Entre 1820 et 1825 ejerce las funciones de asistente del superior general de la Compañía de María. En 1826 estudia con el hermano Ignacio Mertian la fusión del instituto de los Hermanos de la Doctrina cristiana con la Compañía de María, quedándose la SM con la importante casa de Saint-Hippolyte. Gracias a Luis se abren a continuación las escuelas de Ammerschwir (1826), Sainte Marie-aux-Mines, Ribeauvillé (1827), Ebersmunster (1833), Soultz (1835), Kaisersberg (1836), y Wattwiller (1839). Muy emprendedor y excelente administrador. El P. Guillermo José Chaminade le tiene que ayudar a dejar sus personalismos y a ser más flexible. En 1841, agotado por la edad y la austeridad personal en la que vive, se retira a Ebersmunster, donde muere el 2 de Mayo de 1844.

Chaminade le ha tratado como a un hijo muy querido: “(Luis) no ha ignorado el afecto que le he tenido; y siempre he pensado que este afecto era recíproco”, escribe el fundador a León Meyer. Luis fue enterrado en el cementerio de Ebersmunster, cerca de su hermano Javier y de su padre Luis.

 

Carlos Rothéa (1791-1868)

Fue el primer sacerdote que ingresó en la Compañía de María, y uno de los religiosos de los orígenes marianistas que ha dejado más huella. Hermano de Luis Rothea, nace también en Landser, el 4 de abril de 1791. Los primeros estudios, los hace con los benedictinos de Mariastein, cerca de Basilea, quienes desarrollan en Carlos el talento musical, que hará brillar a lo largo de su vida, en el canto y el órgano. Realiza sus estudios de teología en el Seminario de Besançon, y es ordenado sacerdote en la capilla de las Ursulinas de Friburgo (Suiza) el 9 de mayo de 1816. Comienza su ministerio pastoral como párroco (¿o vicario parroquial?) de Santa María de las Minas. Entra en la Compañía de María en Burdeos siguiendo los pasos de su hermano Luís, que había entrado en el noviciado un año antes. Recordando su noviciado escribía al P.Chaminade: “Cuando llegamos a San Lorenzo, a las nueve de la noche, no había más que un poco de paja. ¡Qué extrema pobreza! Sin embargo, la alegría reinaba entre nosotros: cantábamos, estábamos contentos. Vivíamos tan pobres, que cuando usted vino a vernos no teníamos ni una silla que ofrecerle. Entonces usted se sentó a mi lado, sobre mi maleta, charló conmigo y me quedé muy consolado”. Carlos vivió desde el principio su vocación con un gran espíritu de fe, y atrajo a la Compañía , primero a Jorge Caillet, suizo, condiscípulo de seminario, futuro sucesor de Chaminade y segundo superior general; luego a Juan Chevaux, del Franco Condado, que sería tercer superior general; y finalmente a Benito Meyer, alsaciano, introductor de la Compañía en Estados Unidos (1849). Hace su primera profesión el 22 de octubre de 1821, y al año siguiente, la perpetua (octubre 1822). Su primera misión como religioso marianista es la de capellán del noviciado de San Lorenzo, en Burdeos. En julio de 1823 forma parte del grupo que emprende el famoso viaje de la fundación en Saint-Remy. Allí, en el Franco Condado ejerce las misiones, primero de capellán y luego de maestro de novicios (1824). De 1826 conservamos una preciosa carta que le dirige el fundador con consejos para que Carlos vaya ganando en prudencia y sabiduría. En ella le ofrece Chaminade una oración para que le ayude: “Dios mío, que no sea yo quien hable y quien decida en mí, sino tu Espíritu santo en mí” (Chaminade. Lettres. II. 298. 13 Mayo 1826). Conservamos un testimonio de Benito Meyer sobre una curación milagrosa realizada por Carlos Rothea: “En el Retiro de 1827, había un maestro que solo podía andar con muletas. Entró en la pequeña capilla, donde se encuentra actualmente el órgano, para confesarse con el P. Carlos. Al terminar la confesión, Carlos Rothea le ordena que deje las muletas y se marche andando normalmente, cosa que sucede inmediatamente”. G. José Chaminade, conocedor del hecho, le pide a Clouzet que lo comunique al obispado (Lettres II. Nº 441. 7 noviembre 1827). En 1829, al llegar Lalanne a Saint-Remy, Carlos vuelve a su tierra alsaciana, donde es nombrado director del colegio (primaria y secundaria) de Saint-Hippolyte. Entre 1836 y 1843 lleva la dirección, unas veces del colegio de Saint-Hippolyte y otras de Ebersmunster. El P. Chaminade le invita a ser más paciente con los religiosos, escuchar a todos, y organizarse mejor en su misión. De 1843 a 1852, otra vez en el Franco Condado: dirección de los colegios de Courtefontaine, Saint-Remy, y Orgelet. El P. Chaminade le prefiere trabajando más en la pastoral parroquial, colegial y del noviciado, que en tareas de dirección, donde ve que no es tan capaz. Participó en el famoso Capítulo de 1845, celebrado en Saint Remy, celebrado con la oposición del mismo Chaminade, y en el que se eligió superior general al P. Caillet. Carlos Rothea sufrió mucho viendo las maquinaciones de Roussel y del Consejo general, y la situación difícil que estaba viviendo el fundador. Quiso hablar en el capítulo para denunciar la situación, pero lo hicieron callar. “Yo tendría que haber abandonado el aula capitular como protesta” le escribió más tarde a Chaminade. En 1852 es enviado a Realmont (Tarn), y nombrado superior provincial de la provincia de Midi, función que ejerce hasta 1859. En 1855 concertó con el P. Benito Meyer un plan para defender en el capítulo general de 1858, la memoria del P. Chaminade; pero como no fue elegido capitular, le encargó esta tarea al P. Lalanne. Le envió una carta para que la leyera en el aula capitular, pero a Lalanne no le dejaron leer esa carta. Delicado de salud, se retira a Burdeos, pero en 1861 todavía acompaña a la Administración general a París. Después de unos años, dedicado a la oración, muere en la capital francesa el 12 de marzo de 1868.

Personalidad y significación espiritual

Decían de él que tenía la sensibilidad de un artista y la sencillez de un niño. Muy afectivo y cariñoso, trataba con mucha cordialidad a todos. Carlos Rothea tenía ya en vida, fama de hombre espiritual, en camino de santidad. Era verdaderamente un marianista de espíritu interior y de oración, un hombre de fe. Su lema era “silere, ardere, lucere” (callar, arder, iluminar)El rasgo más destacado en su espiritualidad era verdaderamente “el espíritu de María”, que vivía personalmente y que convertía en misión a través de la predicación, los escritos, y la música; hizo vida el lema de Chaminade “hacer conocer, amar y servir a María”. Cuando estaba en París en los últimos años de su vida, hacía lo mismo que el P. Chaminade en el noviciado de Santa Ana de Burdeos: rezar por el parque de la finca hasta la estatua de la Virgen. Un día le preguntó un hermano por el sentido de estas visitas a la imagen de María, y el P.Carlos le contestó: “me dedico a las misiones: voy yendo en espíritu de una casa a otra, de una comunidad a otra, de la Compañía , pidiendo a María por las necesidades de todas y para que se muestre en ellas como Madre y haga reinar en ellas a su hijo Jesús”.

Mantuvo siempre una gran veneración con el fundador, a quien defendió continuamente incluso en los momentos duros de este, al final de su vida. Después de su muerte lo consideraba un santo. Esta postura de defensa del P. Chaminade le acarreó incomprensiones y por lo menos, indiferencia, ante las iniciativas que tomaba para reivindicar su figura y reconocer los errores y la injusticia cometida con el fundador al final de su vida.

Muy inteligente y culto, sus “Cartas de dirección”(1857) están llenas del espíritu de la Compañía. Poco apto para la administración, como reconocía él mismo, dejó por todas partes el recuerdo de su entrega sacerdotal y marianista, y de su espíritu de fe. El P. Juan Chevaux no dudaba en llamarle “una de las columnas de la Compañía ”. Según el P.Antonio Fidón, provincial del Franco Condado, eran Carlos Rothea y León Meyer, quienes representaban mejor el espíritu del Fundador. En este sentido, la iniciativa y el texto más llamativo de su biografía es la carta que dirigió a Juan Chevaux, precisando cuál era la verdadera doctrina del P. Chaminade,corrigiendo las palabras de Caillet en una circular que este había enviado y en las que se hablaba de María. La carta, del 30 enero 1846, tres meses después de la elección de Caillet como nuevo superior general (y de Chevaux como primer asistente), es importante por ser el primer y único documento sobre el tema, de un discípulo de Chaminade, y merece la pena ser transcrita íntegramente. Hay que tomar conciencia de que el P. Chaminade vive todavía, y que Carlos está testimoniando el espíritu del fundador, espíritu de la Compañía , cuando el mismo fundador no puede expresarse, no solo por su situación de salud, sino por su arrinconamiento por parte del Consejo general.

“Querido P. Juan: He leído con mucho gusto la circular (de Caillet). Debo expresarle con toda sencillez cual es mi parecer. Hablando del carácter distintivo de la Compañía de María se lee en ella que es el amor por la Santísima Virgen. Ante todo quiero decirle a nuestro venerable y nuevo Superior General que me ha encantado escuchar que se habla de nuevo sobre este amor a María. Hacía mucho tiempo que no se hablaba así. Pero el espíritu de la Compañía de María no consiste propiamente en el amor a nuestra augusta Madre. Se me dirá que así está escrito en nuestra santa Regla, sobre todo en los artículos que hablan del Postulantado y Noviciado. Yo considero más característico lo siguiente: gracias a la solicitud materna de María debemos ser cada vez más semejantes a Jesucristo. (Carlos Rothea se sitúa así en los artículos 4 y 5 de las Constituciones primitivas, verdadera página clave de la Regla , y núcleo del pensamiento mariano y cristológico del Fundador; la misma doctrina vuelve a aparecer precisamente en el art. 308, al hablar de la dirección del Noviciado). Es de capital importancia promover el verdadero espíritu de la Compañía de María. ¿Y en qué consiste? ¿Cuál es? El Buen Padre siempre ha respondido a esto diciendo que es el espíritu interior de María, el espíritu de fe. De hecho, cuando Jesús ha querido precisar en qué consistía la felicidad de su madre, a la mujer que le gritaba “Dichoso el vientre”, no ha destacado la alta dignidad de ser la madre de Dios sino la fe de su madre: Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios… La virtud característica de de la Compañía es por tanto la fe, o el espíritu de oración, junto con la devoción a María. Esto se muestra en las Constituciones y responde a los desafíos de un mundo no creyente. Los superiores mayores, por tanto, deben ser los vicarios de María, y como Ella, preocuparse de hacer de nosotros otros tantos Jesús. Pero ¿es bien visible en la Compañía y en sus obras el espíritu interior, el espíritu de fe? ¿No ha sido a veces sustituido el espíritu interior, por la ciencia, la discusión, los litigios y la disipación? La Santa Virgen no se ha dado a conocer con gestos extraordinarios, no ha buscado distinguirse, hacerse notar, etc. “Callar, arder, iluminar”. Debemos brillar como Jesús y María, por el fulgor de nuestra virtud, con una vida completamente inmersa en Dios: laboriosa, ordinaria, oscura, interior, con fe. Pido perdón por atreverme a hablarle así, pero el amor por María y por su hermosa familia me hace hablar de esta manera…”(“Escritos de Dirección”. Vol III. nº 714-717)

Este fue Carlos Rothea, una de las figuras más representativas de los orígenes. Si Lalanne fue el discípulo clave de Chaminade en el origen bordelés de la Compañía , Carlos puede simbolizar el espíritu chaminadiano en las nuevas fundaciones del nordeste francés.