“LOS ICONOS DEL BICENTENARIO”

El Bicentenario de la Vida consagrada marianista (2016-17) ha elegido las “Bodas de Caná” (Jn 2) como motivo pictórico, ya que es una escena evangélica muy querida por nuestros fundadores para simbolizar el papel de María como formadora de la fe e impulsora de la misión. Ella es la mirada atenta y misericordiosa del Pueblo de Dios, que descubre la falta de vino (la alegría del Reino mesiánico), y la señal que lleva a la Palabra del Mesías Jesús: “Haced lo que Él os diga”. La “Carta a los predicadores de ejercicios”, documento síntesis del carisma, lo comenta así: “Nuestra obra es grande, es magnífica. Si es universal, es porque somos los misioneros de María, que nos ha dicho: “Haced todo lo que Él os diga”. Sí todos somos misioneros. A cada uno de nosotros nos ha señalado la Santísima Virgen una tarea para trabajar por la salvación de nuestros hermanos en el mundo“.

Tenemos dos iconos de esta escena, pintados para el Bicentenario por dos religiosos marianistas: Salvatore Santacroce y Sergio Miguel. El de Santacroce está viajando a lo largo del mundo, acompañado de dos cartas originales, una de G,José Chaminade y otra de Adela de Trenquelléon. Es el “icono peregrino” que visitará España en el último trimestre de 2017. Ágora lo ofrecerá en ese momento de la llegada. Ágora marianista presenta el icono de Sergio Miguel, que va acompañado de un comentario al mismo. Los iconos, en la cultura cristiana oriental, no son simples pinturas, sino verdaderos “sacramentales”, utilizados en el culto y la liturgia. Así los podemos considerar también nosotros: como decía el superior general jesuita Kolvenbach: “Yo no miro a los iconos, son ellos los que me miran”. En los iconos, Dios nos mira, Jesús y María nos interpelan.

 

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“LOS ICONOS QUE NOS MIRAN”

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Contaba el P.Peter Kolvenbach, que cuando era superior de la Compañía de Jesús, le preguntaron sobre su oración ante los iconos: “Y usted, ¿cómo ora con ellos? ¿Los mira detenidamente, lee las palabras pintadas, observa los colores, medita el mensaje? Y Kolvenbach contestó: No, no, yo no los miro. Son ellos los que me miran”.

Ágora inicia un nuevo rincón de espiritualidad“Los iconos que nos miran”. En este espacio somos invitados sencillamente a dejarnos mirar por ellos. Dejarnos orar por dentro: “El Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables”, decía Pablo (Rm 8,26).

El método que seguiremos es sencillo: tras una corta introducción o ficha artística-histórica-teológica, ofrecemos la imagen del icono, para contemplar o “dejarnos mirar”. Tras un tiempo ante él, podemos terminar con una plegaria relacionada con el icono.

 

LA VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO

Icono cretense. Siglo XIV-XIV.
Iglesia San Alfonso (Redentoristas)
Vía Merulana. Roma

Nos encontramos ante uno de los iconos orientales más famosos en Occidente. La causa está en que ha permanecido en Roma durante siglos, presentando una imagen del misterio de la Encarnación y una mariología muy completa. Actualmente se venera como imagen en el altar mayor de la iglesia de San Alfonso.

Es un icono representativo de la Theotokos, de la Madre de Dios con su Hijo, ya crecido, en brazos. Según el papel que ejerce la Virgen en la salvación de los hombres, se suele distinguir tres categorías de iconos marianos:

  • La Virgen que enseña el camino: ‘Hodigitria’.
  • La Virgen de la ternura: ‘Eleusa’.
  • La Virgen de la Pasión: ‘Strastnaia’.

¿Quién no percibe a simple vista en nuestro icono del Perpetuo Socorro este triple mensaje?

Nos muestra el camino hacia Dios, porque María franquea la puerta al Verbo para que se haga hombre entre los hombres y realice nuestra redención y abre así a toda la humanidad la puerta de acceso a la plenitud de vida en Dios. Su mano derecha señala a Jesús a quien hemos de seguir.

Es Madre de ternura, porque su rostro y sus ojos, aunque marcados por cierta gravedad, más que tristeza, derraman bondad y ternura maternales. Es sobre todo Virgen de la Pasión por la escena que representa: la visión de su Hijo niño, que se asusta ante los instrumentos de la Pasión que le presentan los arcángeles Miguel y Gabriel, mientras Ella amorosamente lo protege entre sus brazos. Los ángeles como ‘portadores de trofeos’ conectan con el sentido glorioso de la Pasión.

Esta gran riqueza de contenido, convierte a nuestro icono en un pequeño tratado de Mariología, capaz de colmar tanto las exigencias de un teólogo como el sentimiento popular del pueblo sencillo.

Historia del icono

Asomémonos ahora a la breve historia de esta fuente de bondades y ternura que es nuestro icono del Perpetuo Socorro. El primer documento histórico sitúa a nuestra Virgen repartiendo milagros a finales del siglo XV en la iglesia romana de San Mateo. Consta que el icono había sido robado de otra iglesia de Creta por un mercader, que en su viaje a Roma, fue librado de un inminente naufragio, al invocar al icono que llevaba escondido entre sus mercancías. Este ‘piadoso’ ladrón tuvo remordimientos a la hora de su muerte y reveló el secreto al amigo romano que lo atendía, con el ruego entre lágrimas de que lo diera para recibir culto en un templo.

El romano, por complacer a su mujer, desoyó la última voluntad del mercader y las repetidas amonestaciones que la Virgen le hizo por medio de visiones. “Como no me has querido creer –le dijo al fin la Virgen–, es necesario que tú salgas primero para que yo pueda encontrar un lugar más digno”.

Murió el empecinado romano, pero aun así no se doblegó la voluntad de la viuda.

Fueron necesarios avisos serios en apariciones a su hija de seis años; en ellos la Virgen revela su nombre: “Santa María del Perpetuo Socorro os requiere para que la saquéis de vuestra casa”. Y también el lugar en que quiere ser venerada: “Entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán, en una iglesia dedicada al apóstol San Mateo”. La niña comunicó el mensaje de la Virgen a su madre. Avisó por fin la viuda a los agustinos encargados del culto de aquella iglesia, quienes organizaron el solemne traslado de la imagen. Hubo una gran asistencia de clero y del pueblo fiel. Ese mismo día la Virgen realizó el milagro de curar a un paralítico que se encomendó a Ella.

Y allí fue colocada el 27 de marzo de 1499, fecha que inicia la etapa romana de la historia milagrosa del icono.

Tres siglos de esplendor y 70 años de olvido

Este pequeño templo romano de San Mateo estuvo presidido durante tres siglos por la dulce mirada del Perpetuo Socorro. ¡Quién pudiera contar las maravillas de afluencia y fervor de los hjios, a los que respondía siempre la Madre con prodigios y favores espirituales y materiales!

Pero la invasión napoleónica también entra a saco en Roma. El general Massena decreta la demolición de treinta iglesias romanas, bajo el pretexto de que amenazaban ruina, para expoliarlas. Entre ellas, estaba la de San Mateo con el icono del Perpetuo Socorro. Los agustinos no quieren separarse de él. Se acogen a una iglesia vecina con la imagen y años más tarde, cuando les confían Santa María de Posterula, colocan allí el milagroso icono, no en la iglesia, dedicada ya a otra advocación mariana, sino en el oratorio privado de la comunidad. Allí permaneció durante muchos años desconocida del pueblo e incluso de los mismos frailes, a excepción del H. Agustín Orsetti, único superviviente de San Mateo. Frecuentaba el convento y la amistad del H. Orsetti un niño, Miguel Marchi, quien muchas veces ayudaba a misa en dicho oratorio privado. A este niño es a quien el H. Orsetti frecuentemente le repite con misterio y ansiedad: “Ten muy presente, Miguelito, que la imagen que está arriba en la capilla es la Madonna de San Mateo. Que no se te olvide. Tenlo por cierto. ¿Has comprendido, mi querido Miguelito? Era prodigiosa“. Poco después, a la muerte del H. Orsetti, en 1855, Miguel Marchi entra en la Congregación del Santísimo Redentor.

Un nuevo amanecer. El Icono en San Alfonso (Redentoristas)

Todo empezó con una predicación del P. Blosi sobre la Virgen en el grandioso templo de los jesuitas del Gesú. Hablaba precisamente de las imágenes marianas de la Ciudad Eterna y se refería a la del Perpetuo Socorro, cuyo paradero entonces se ignoraba: “Fue muy célebre en sus prodigios –decía el padre–; pero hace ya 70 años que no ha dado señales de vida, porque sin duda se encontrará abandonada, en cualquier lugar privado sin culto público desprovista de aquella afluencia de público que tuvo en siglos pasados…”.

Después de contar su historia, al recordar la voluntad de la Virgen: “Es mi deseo ser colocada entre mi querida iglesia de Santa María la Mayor y la de mi querido hijo adoptivo San Juan de Letrán“, añadió el P. Blosi: “Ojalá que entre mis oyentes hubiera alguno que, conocedor de su actual paradero, avisara a quien la tiene oculta… este expreso deseo de la Madre de Dios”. E insinuó un deseo que se convirtió en profecía: “Quién sabe si no se ha reservado a nuestros días el descubrimiento de esta imagen que ha querido llamarse Perpetuo Socorro…”.

Muy pronto llegaron ecos del sermón a los redentoristas y al P. Miguel Marchi asignado a la comunidad que se había asentado en el Esquilino, en un terreno que correspondía justamente al ocupado por el antiguo convento e iglesia de San Mateo. Esta circunstancia, unida a ciertos descubrimientos que de la lectura de viejas crónicas iban adquiriendo y, sobre todo, a la presencia en la comunidad del antiguo Miguel Marchi, conocedor del paradero de la imagen, encendió a los redentoristas en un vivo deseo de poseerla. Era el año 1863. Dos años más tarde el Superior general de los redentoristas, P. Mauron, presentaba al Papa Pío IX la solicitud del Icono para la nueva iglesia. El Papa, gran devoto de la Virgen, accedió benévolamente a sus deseos y le dijo en la audiencia: “Dadla a conocer a todo el mundo”. Mandato que están cumpliendo en las cinco partes del mundo, los pregoneros de la Virgen, que son los redentoristas.

Los redentoristas recuperan, sí, el Icono; pero se hallaba muy deteriorado, por su antigüedad secular y por el abandono de los últimos años. Necesitaba una restauración urgente. Esta delicada tarea se le confió a un experto artista polaco, Leopoldo Nowotny, que la realizó técnicamente bien, pero sin demasiada fidelidad al original.

Éste es el Icono que seguimos llamando original, el modelo que se venera en la iglesia de San Alfonso de Roma y del que provienen todas las copias repartidas por el mundo.

Era el 6 de abril de 1866. Una entusiasta procesión acompaña a la Imagen en su traslado y reposición en la iglesia de San Alfonso. La historia nos conserva varios milagros realizados por la Virgen a su paso por las calles de Roma. La prensa local comenta el acontecimiento y se organizan solemnísimos cultos en su honor, con la iglesia siempre rebosante de fieles. Pocos días después de su restauración, el mismo Papa Pío IX viene a venerar la Imagen que él mismo había otorgado a los redentoristas. Y cuentan que al contemplarla, exclamó emocionado: “Pero, ¡qué hermosa es, qué hermosa es!”.

El 23 de junio de 1867, a petición de los redentoristas y de sus numerosísimos devotos, la Virgen del Perpetuo Socorro es coronada canónicamente. La razón fue muy sencilla: porque reunía como ninguna las condiciones para tal honor: el culto antiquísimo de más de tres siglos y su fama de ser muy milagrosa.

Aquí dejamos a nuestra Reina, la Virgen del Perpetuo Socorro, en su nuevo trono de bondades, rodeada del fervor de multitudes. Ha empezado una nueva etapa en el culto al Perpetuo Socorro, la etapa contemporánea, en la que con pleno derecho entramos todos nosotros.

Descripción del Icono

La imagen o icono original del Perpetuo Socorro está pintado al temple sobre madera. Mide 53 cm de alto por 41,5 cm de ancho.

Sobre un fondo de oro destacan cuatro figuras. En el centro, llenándolo todo como protagonistas, la Virgen y el Niño; y en un lejano segundo plano, los dos arcángeles Miguel y Rafael con los instrumentos de la Pasión. Según costumbre oriental, cada personaje está identificado por una inscripción griega en abreviatura.

La Virgen se nos muestra sólo de medio cuerpo y en actitud de pie. Viste túnica de color rojo abrochada en el cuello y un manto azul marino que la cubre desde la cabeza. Bajo el manto apunta una cofia verde mar, que recoge y oculta sus cabellos. Tiene sobre la frente dos estrellas. Las coronas de oro y pedrería del Niño y de la Madre son regalos del Capítulo Vaticano para su coronación.

El Niño Jesús descansa sobre el brazo izquierdo de su Madre y se agarra con ambas manitas a la mano derecha de la Virgen, buscando protección, al contemplar los instrumentos de la Pasión que le aguarda. Su figura es de cuerpo entero, vestido con túnica verde, ceñida con faja roja y de su hombro derecho cuelga un manto de color rojizo marrón. Tiene entrecruzadas las piernas y lleva los pies calzados con simples sandalias, con la peculiaridad que la del pie derecho queda suelta y colgando. Todo es simbolismo.

Los instrumentos que presenta San Gabriel son la cruz griega de doble travesaño y cuatro clavos. San Miguel, la lanza y la esponja. Ambos arcángeles ocultan sus manos que sostienen un pomo con los símbolos de la Pasión. Los abundantes pliegues y sombreados de las vestiduras van profusamente marcados en oro. Con estos sencillos elementos y símbolos el inspirado artista bizantino consiguió plasmar en este bellísimo Icono su fe y devoción y legarnos un objeto para el culto y devoción, rico en contenido teológico, como veremos a continuación.

Las Abreviaturas Griegas que hay escritas sobre el Icono significan:

MP OY [Meter Theou]: Madre de Dios (en los ángulos superiores del Icono)
O AP M [O Arjanguelos Mijael]: el Arcángel Miguel (sobre el arcángel que está a la izquierda del quien mira).
O AP G [O Arjanguelos Gabriel]: el Arcángel Gabriel (sobre el arcángel que está a la derecha del que mira).
IC XC [Iesus Jristos]: Jesucristo (a la derecha de la cabeza de Jesús Niño).

Mensaje del Icono

Hecha la descripción del Icono, debemos preguntarnos: ¿qué quiere decirnos? ¿Qué mensaje pretende transmitirnos?

La interpretación general es clara. Los arcángeles Gabriel y Miguel presentan a Jesús niño los instrumentos de su Pasión futura. Al contemplar esta dramática visión, el niño, en su condición de hombre mortal y pasible, se asusta y se estremece y en un brusco movimiento busca socorro en los brazos de su Madre, a cuya mano se aferra con fuerza. El susto y movimiento brusco del Niño están expresados por la contorsión de piernas, el repliegue del manto y la sandalia desprendida.

El icono representa la realidad teológica completa de la Redención por la Pasión Gloriosa. Los instrumentos de la Pasión no son sólo presagio de dolor y muerte, aparecen en las manos ‘veladas’ como trofeo y símbolo de victoria lograda.

Todo Icono es espacio de culto y contemplación espiritual. Está pintado para nosotros. Por eso la Virgen no está mirando al Niño para consolarlo, como sería lo más natural, sino que se sobrepone al dolor de su Hijo y al suyo propio y endulza benignamente su rostro, para ofrecer al que la contempla una mirada llena de acogida y de ternura y un mensaje de esperanza.

Cada detalle posee un simbolismo propio. Mirarla con amor es el mejor método y nos ocurrirá como a un enamorado de nuestra Imagen, que escribía: “No me canso de contemplarla, porque cada vez que la miro siempre descubro en ella algo nuevo”.

Devoción y extensión de la imagen por el mundo

Desde 1866 el Icono original tiene su santuario en la iglesia de San Alfonso, de Roma. Pero su devoción alcanza a todos los rincones del mundo Sería casi interminable enumerar las naciones y centros que le rinden culto especial; por eso, nos limitaremos a señalar algunos datos más significativos:

  • Es la más venerada en Rusia.
  • Es considerada como símbolo de unió entre la Iglesia Romana y las iglesias orientales separadas. Tiene sentido ecuménico.
  • En Singapur, cada sábado, para hacer la Novena Perpetua, se reúnen en su templo más de 20.000 personas en turnos sucesivos.
  • En Bombay (India) se hace la Novena 12 veces al día a causa del gentío.
  • En Baclaran (Filipinas), se reúnen los miércoles para hacerla más de 80.000 devotos.

A España llegó la primera copia del icono en 1867, al año de ser restaurado su culto en Roma. Se expuso en Huete (Cuenca), primera fundación redentorista en España y allí realizó el primer milagro, al curar de su ceguera a un niño llamado Lucas. Hoy se la encuentra por doquier, no sólo en las iglesias y en las casas particulares, sino en los sitios más inverosímiles.

Bajo su advocación funcionan asociaciones como su Archicofradía y la Visita domiciliaria, que junto con la revista Icono llevan su presencia y sus favores a millares de hogares españoles.

En España la Virgen del Perpetuo Socorro es Patrona oficial de entidades públicas, como Sanidad Militar, Colegios Médicos, el Ministerio de la Gobernación, el Seguro Español, Beneficencia Municipal de Madrid, Instituto de Previsión, Ministerio de Hacienda…

Son millones las copias de su Icono, estampas, medallas y llaveros. Muchas las revistas y libros sobre el Perpetuo Socorro y hasta existen varias emisoras del mundo al servicio de su culto.

Éstos son algunos datos para conocer el alcance de la devoción a nuestra Madre. Datos que deben animarnos también a nosotros a quererla y honrarla siempre.

Tomado de “Parroquia-Santuario de la Virgen del Perpetuo Socorro” de Madrid:

www.perpetuosocorro.org

En las fotos: exterior y nave central de la iglesia de San Alfonso, de Roma 

Para recuperar los iconos anteriores: “Taller de iconos”

 Entrevista con Rogelio Nuñez sm en “Religión digital”